Pequeñas reflexiones Psicológicas y Psiquiátricas(2)

PEQUEÑAS REFLEXIONES PSICOLÓGICAS Y PSIQUIÁTRICAS (2)

LA AFECTIVIDAD OMNIPRESENTE

Dr. Carlos De Los Ángeles

Cuando se abandona el sólido camino de la clínica psiquiátrica, ya sea por una flaqueza en la formación del psiquiatra, ya porque un profesional bien formado se deje seducir por los “cantos de sirena” del “estar al día” que tanto proclaman los biologicistas; serios peligros amenazan la vida cotidiana de nuestros pacientes.

Odiseo o Ulises en su vuelta a casa fue advertido por Circe del grave peligro que corría, si escuchaba el dulce canto de las sirenas, por esta razón hace tapar con cera los oídos de sus remeros y él mismo se hace atar al mástil de su navío para imposibilitar que su debilidad les precipite tras las sirenas.

La psiquiatría contemporánea vive en un periodo en que se hace necesario atarse uno mismo al mástil del navío y tapar con cera los oídos de psicólogos y psiquiatras; para evitar desviaciones dictadas por la “moda” diagnóstica del momento.

Como son simplemente “modas” no reparan en los profundos conocimientos acumulados por la clínica, a través de más de doscientos años de precisiones filosóficas y epistemológicas.

Uno de los ámbitos donde se ha producido mayor grado de confusión es en el de la vida afectiva, la vida de los sentimientos.

Lo afectivo está presente en toda la vida psíquica humana.

J.J. López Ibor nos explica en una prosa inolvidable, la omnipresencia de lo afectivo: “La vitalidad, pues, se halla difundida por todo el ser, no es una capa, ni una estructura en el mismo, ni mucho menos un elemento, una parte de una estructura. Por ello yo prefiero hablar de estructura vital en lugar de “capa vital”, porque aquella imagen es más rica y plástica que ésta, la estructura penetra por todas partes del organismo como el hormigón en un edificio o las atarjeas de regadío en un campo de labor. La idea de estructura supone algo que se agrega a una sustancia. La sustancia vital, por así decirlo, se halla en todo el organismo. La estructura vital tiene determinadas formas que mantienen o plasman la sustancia”.

                 A partir de este avance en el conocimiento podemos concluir que tanto en la vida psicológica normal como en la patológica, la afectividad estará siempre presente, es decir que en todas las enfermedades mentales, como las esquizofrenias encontraremos síntomas afectivos.

Entonces, ¿A qué se debe el afán de diagnosticar como bipolar a todo paciente mental que muestre una variación del ánimo, aunque sea pequeña?

La respuesta más corta a este cuestionamiento sería que esto se debe a la influencia del marketing farmacéutico para que elijamos un determinado fármaco, pero eso es muy obvio y consabido; se necesita una indagación más profunda.

Se trata de ignorar los más preciados avances en el conocimiento del hombre-enfermo-psíquico. Pero, también se puede inferir que psicólogos y psiquiatras bien formados abandonaran el pesado fardo de tener que escuchar y pensar al paciente, lo cual consume tiempo y esfuerzo, para tomar la vía más fácil del DSM y escuchar al fármaco.      

Perogrullo nos diría que el único ser humano que no se ve modulado por los sentimientos es aquel que ha muerto.

Si a su mente les llegan pensamientos como “anticuado” o “desfasado”, piense en otra perogrullada: “La ciencia no se consume con el uso”. A nadie se le ocurre que el Principio de Arquímedes tiene que ser modificado o abandonado para modernizar la física. ¿Por qué la psiquiatría y la psicología tienen que renunciar a su riqueza clínica para avanzar? Lo razonable era que con cada avance en neurociencias, se afinara más el conocimiento de su relación con los hallazgos clínicos. Pero, no ocurrió así, sino que se desdeñó la psiquiatría clínica y a sus cultores.

En este caso el desaguisado parece estar relacionado con el desconocimiento de aquello que constituye la vida afectiva.

El ser humano que sufre no es sólo un ente biológico, ni un mineral, sino un todo que “siente” con los sentimientos.

Lo primero es saber qué fenómeno mental son los sentimientos, pues es con esos ladrillos que se construye la vida afectiva.

No fue fácil conceptualizar los sentimientos pues están tan cercanos al investigador que su visión se vuelve borrosa.

Kant dijo que los sentimientos eran “pensamientos confusos”.

Más adelante, Kurt Schneider basado en un trabajo de Lipps llega a la conclusión de que los sentimientos “son estados afectivos del Yo que se acompañan de una tonalidad agradable o desagradable”. Todo ser humano conoce que cuando le llega un sentimiento determinado no puede rechazarlo, solo puede sentirlo, experimentarlo o mejor aún, vivenciarlo; pero además conoce de la tonalidad agradable de la alegría, así como lo desagradable de la tristeza.

Ahora bien, ¿Todos los sentimientos pertenecen a una misma categoría?

Pues no. Existen distintos tipos de sentimientos.

Kurt Schneider tomando como soporte los estratos categoriales del mundo, señalados por Nicolai Hartmann: Físico, biológico, psíquico y espiritual, clasifica los sentimientos (a partir de Max Scheler) con arreglo a esa estratificación:

1- Sentimientos físicos: Son aquellos que se localizan focalmente en una parte del cuerpo y que pueden ser señalados con toda precisión por el sufriente como es el caso del dolor de estomago o de cabeza. Informan al sujeto del estado de esa zona particular del organismo. Son sentimientos puntuales, pero cuando ocurren afectan al organismo produciendo malestar general.

2- Sentimientos psíquicos: Son sentimientos reactivos. Ocurren a partir de algún suceso en la vida del sujeto. Son sentimientos motivados. Ej. Alegría por haber recibido un premio o un reconocimiento o tristeza por una pérdida. Estos sentimientos son autolimitados y tienden a agotarse o a desaparecer por sí mismos. Por más grande que sea el premio o la distinción la alegría del que lo recibe se va apagando según pasan las horas y los días. La tristeza psíquica o motivada por una pérdida puede ser más “pegajosa”, pero también va desapareciendo con el tiempo. Los sentimientos psíquicos o reactivos son asequibles al razonamiento y a su modificación a partir del uso de técnicas cognitivos-conductuales.

Una señora viene a consulta con un pequeño regalo para el psiquiatra: “Doctor vine a darle las gracias porque ya paso todo… después que el negocio se vino abajo… los clientes grandes empezaron a pagar las mercancías atrasadas y como usted nos dijo, comenzamos a recuperarnos… no estamos al nivel de antes, pero vamos bien y tenemos mucho entusiasmo… la pastilla yo la tomé por una semana y mi marido por diez días y la dejamos porque ya dormíamos bien… el nerviosismo era lo que no nos dejaba dormir”.

3- Sentimientos vitales: No son reactivos a acontecimientos de la vida. Son fisiógenos, surgen de lo más hondo del soma. También decimos que son criptógenos para significar que están “ocultos en los genes”. Estos sentimientos vitales son por tanto inmotivados, no se encuentra motivación para ellos en la curva vital del sujeto.

Una paciente de 40 años declara al psiquiatra: “!Ay! Doctor mire yo no tengo motivos para quejarme, mi marido y yo no tenemos problemas, mis hijos están sanos y bien en los estudios… no tengo problemas en mi vida… pero esta pesadez y la tristeza no me dejan disfrutar lo que tengo… mi marido a veces se desespera tratando de buscar cosas que me alegren”.

Los sentimientos vitales se difunden por todo el ser y nos informan del estado general del cuerpo. Con ellos sentimos las oscilaciones o gradientes de bienestar somatopsíquico. Por ello entendemos que los sentimientos vitales evolucionan en fases o ciclos.

Se manifiestan en toda la extensión de la corporalidad, no se pueden localizar puesto que informan de un modo general de los ascensos y descensos de la vida misma. En la vitalidad es donde “sentimos la frescura del bosque o la pesadumbre del día neblinoso”, como señaló López-Ibor (1966).

En el argot popular se dice que “se levanta uno con el pie izquierdo o con el derecho”, queriendo decir que no existe razón para que las cosas nos salgan “bien o mal”. Son inmotivados, a diferencia de los psíquicos que están motivados por algo. Radican en la capa vital, por lo que nos pueden brindar sensaciones de frescura y agilidad en el curso de la vida, o por el contrario, pesadez. Su ejemplo más socorrido es la tristeza vital o la alegría vital. El soporte neurofisiológico de la vitalidad se halla en la sustancia activadora reticular ascendente del tallo cerebral y depende de la actividad de las catecolaminas (noradrenalina y serotonina) que allí se produzca.

Novalis (1772-1801) postuló la vitalidad como la “costura entre el cuerpo y el alma”.

Su vinculación a la etiopatogenia de las enfermedades afectivas (depresión endógena y manía) es indiscutible.

Los autores con mayor profundidad en el estudio de los sentimientos vitales han sido K. Schneider (1888-1968) y J.J. López-Ibor (1906-1992). Este último señala que “sin materia no existe ninguna vida, sin vida no existe ninguna conciencia y sin conciencia no existe el mundo del espíritu objetivo (sociedad, historia, etc.). Esta expresión que califica al espíritu como “objetivo”, me hace pensar que existe también un “espíritu puro”. Recuérdese que es Lopez-Ibor el padre del racio-vitalismo en psiquiatría.

El psiquiatra en formación debe estar atento al hecho de que todo el mundo, siguiendo el dictamen del racionalismo vigente, intenta encontrar “motivos” para sus sentimientos vitales y los atribuye a eventos recientes en su curva vital. Sin embargo, una somera aproximación clínica nos descubre que el tal “motivo” no puede guardar relación con la severidad del síntoma. Por ejemplo una depresión vital en la que el sujeto ha dejado de comer y dormir, pero que intenta “explicar” a partir de la pérdida de su mascota.

Ahora bien, diversos autores entre los que se encuentra José Ortega y Gasset (1883-1955) hacen una distinción entre alma y espíritu (“Vitalidad, Alma, Espíritu”.1924).

4- Sentimientos Espirituales: Son sentimientos absolutos. Emanan directamente de donde nacen los actos espirituales. Son sentimientos puros. No son objeto de estudio psicopatológico. “Cuando estos sentimientos existen, realmente se funden con el ser mismo; son ya modos de ser, en lugar de modos de estar”. (López-Ibor. 1950).

Una manifestación exterior del alma la encontramos en la creación artística como en la música y las artes plásticas, así como en la poesía; también en los actos  metafísicos y religiosos. Son actos y manifestaciones psicológicas emanadas de la profundidad del ser humano. Esto, justificaría la evaluación psicológica de un autor a través de su obra artística y la distinción entre el acto religioso fundamental   (normal) y su descomposición en el delirio y la melancolía (Hubertus Tellenbach. 1969).

De estos sentimientos puros nace la ética.

Ahora bien, lo más importante es concebir la vida afectiva como abierta al mundo.

Los distintos modos de vida sentimental no son compartimientos estancos, más bien lo que existe es una red afectiva que se distribuye por todo el psiquismo.

Esta es la razón por la cual, un trastorno del pensamiento y del control del Yo como se presenta en las esquizofrenias, obligatoriamente tendrá correlatos afectivos; sin que necesariamente se tenga que variar el diagnostico a psicosis mixta, esquizoafectiva o a bipolar. ¿Quién que con toda certeza se sienta vigilado, perseguido o amenazado va a permanecer emocional o afectivamente estable?

Se verifica una interacción recíproca entre ellos, de manera que muchos estados afectivos son el producto de la fusión de varios estratos sentimentales.  También pueden coexistir dos sentimientos de estratos diferentes en un mismo individuo. Ej. Un sentimiento de frescura vital con un sentimiento sensorial como el dolor.

Pero también un sentimiento puede desaparecer con la emergencia de un sentimiento de otro estrato. Por ejemplo, el dolor de muelas (sentimiento físico) que desaparece en la sala del odontólogo debido al temor (sentimiento psíquico) que el paciente sufre ante la ejecución de los procedimientos odontológicos.

Como hemos visto la estratificación de los sentimientos de Max Scheler guarda estrecha relación con la ordenación categorial del mundo que preconizó Nicolai Hartmann quien como filósofo se nutrió de la fenomenología, pero, dentro de la tradición del idealismo alemán.

Veamos la correspondencia entre los estratos categoriales del mundo de Hartmann y los sentimientos de Scheler.

Si fijamos nuestra atención en la estratificación en sentido de abajo hacia arriba, notaremos la facilidad con que se puede hacer derivar de un estrato inferior (sensorial) el estrato inmediatamente superior (psíquico) y así sucesivamente hasta llegar al más superior (espiritual); de modo que podemos intuir un entramado (una red) que une todos los sentimientos en la vida afectiva como una totalidad. Asimismo, todos los estratos categoriales del mundo se relacionan en interdependencia.

Lo que no se puede perder de vista es que la estructura afectiva no se constituye a partir de compartimientos estancos, sino en una totalidad reticular (en forma de red) que se relaciona mediante interacciones reciprocas.

Creo que una lectura razonada de esta reflexión psicológica-psiquiátrica ayudara a adquirir una visión más sistémica y compleja de la omnipresencia de la afectividad en la vida humana.

Santo Domingo. 6 de abril 2013