Fases de Investigacion de un Fármaco

FASES DE INVESTIGACIÓN DE UN FÁRMACO

“Hasta el momento, no hay evidencia convincente de que

 la deficiencia de monoaminas explique la depresión,

es decir, no hay un déficit “real” de monoaminas”.

 S. Stahl. Psicofarmacología esencial. 2002

 

La mayoría de las sustancias que recetamos a nuestros pacientes fueron descubiertas al azar. Después de su uso se investigaron sus mecanismos de acción. Otras veces los ensayos persiguen un objetivo fallido y un efecto secundario es utilizado como terapéutico. Ej. El Sildenafil se ensayaba como un medicamento cardiovascular y resultó en el mayor descubrimiento para tratar con éxito la disfunción eréctil (Deo Gratias). 

El maestro José Ángel Saviñón nos mantiene al día en la investigación de psicofármacos y las distintas fases en que se encuentran.

Pero, ¿Cuáles son esas fases? 

Ensayos Preclínicos:

Las leyes obligan a realizar una serie de ensayos en distintas especies de animales, antes de investigar la acción de un fármaco en seres humanos. A los ensayos en animales, habitualmente ratas y ratones, se les llama Ensayos Preclínicos y a la aplicación en humanos se les llama Ensayos Clínicos.

El objetivo de los Ensayos Preclínicos es determinar modos de acción, eficacia, dosis, metabolismo y toxicidad a corto plazo de un psicofármaco.

En principio se utilizaron monos para estos ensayos, pero, resultaba muy caro para los laboratorios y además, las organizaciones de defensa de los animales protestaban por el sufrimiento a que eran sometidas las criaturas y por esto, se pasó al uso de roedores.

El problema es que resulta muy cuesta arriba justificar que un roedor tenga un cuadro psicótico, neurótico o bipolar. Bien, pues inventamos “Test” que detectan “estados de ánimo” en estos animales. Test  Irwin (signos vitales, actividad del animal, etc.). Test Polsort o Test de Natación Forzada, etc.

Lo importante de esta etapa es determinar si la sustancia tiene o no efectos sobre el sistema nervioso central (en especial efectos tóxicos). Si no aparecen esos efectos, entonces se descontinúa la investigación, pues se supone que no va a tener efectos clínicos en humanos.

Si el fármaco pasa con éxitos los parámetros de los ensayos preclínicos, se pasa a los Ensayos Clínicos, esto es, en seres humanos. Esta etapa es la que se divide en 4 FASES. 

FASE I: 

Es el primer experimento de las acciones del fármaco en personas sanas.

El objetivo de esta fase es determinar la absorción, distribución, metabolismo y eliminación del fármaco en seres humanos (farmacocinética) y, su toxicidad. Se usan unos pocos sujetos de experimentación y por lo general, no se divulgan los resultados, en razón de que estos constituyen los efectos secundarios de la sustancia y, sobre estos, los investigadores no suelen poner mucha atención inicialmente. Sin embargo, esta es una fase de gran importancia porque nos orienta sobre los posibles efectos de la sustancia en el psiquismo de sujetos no diagnosticados de ningún padecimiento psíquico, sin tener que ajustarnos a ninguna teoría sobre las enfermedades mentales. 

FASE II: 

Se detecta la dosis efectiva en enfermos para utilizarla en la Fase III.

En esta fase participan cientos de sujetos enfermos cuidadosamente seleccionados y se estudia la eficacia de la sustancia. Se utilizan grupos de control que, o bien reciben otro fármaco o se les administra un placebo (sustancia inerte o con muy pocos efectos fisiológicos). En psicofarmacología las sustancias placebos tienen importancia porque pueden poseer efectos terapéuticos apreciables en casos de depresión o de ansiedad. Esto supone graves problemas éticos, sobre todo al administrar a enfermos depresivos y esquizofrénicos; sustancias de baja efectividad o placebos, dado el riesgo de cometer suicidio. Igualmente se ignoran los posibles efectos de rebote al cambiar de un psicofármaco a placebo y se crea la falsa impresión de mejoría con el fármaco experimental alcanzando fácilmente superioridad sobre el placebo y subsecuentemente aprobación. 

FASE III: (trampas, trampitas y trampotas). 

Es el verdadero ensayo clínico y aquí se compara el fármaco (a dosis eficaces) con otros fármacos ya conocidos para tratar la enfermedad y/o con sustancias placebos.

Son grupos amplios de enfermos, casi siempre más de mil, que reciben distintas dosis del fármaco o sustancias placebo al azar. Son estudios “ciego simple” o “doble ciego”, en cuyo caso, ni el clínico ni el paciente saben que sustancia se está ensayando, porque el medicamento esta etiquetado con una clave que utiliza un tercer investigador.

Esta fase puede durar de tres a cuatro años. El organismo gubernamental evalúa todos los resultados disponibles y puede exigir estudios complementarios.

En esta etapa entran en acción los intereses de la industria farmacéutica a través del lobbysmo (grupos de cabildeo) con miras a presionar a políticos y organismos de salud como la FDA, para acelerar la aprobación de un psicofármaco. Pero, también se dedican a asegurar la eficacia y “falta de efectos secundarios” del producto objeto del “marketing”. No se puede desdeñar la labor de estos lobbystas, pues han logrado modificar precios de medicamentos y también a disminuir el tiempo de la fase III para que la investigación sea menos costosa.

Por estos motivos se han presentado fuertes desacuerdos entre las farmacéuticas, la Food and Drugs Administration y la Asociación Psiquiátrica Americana. Esta última, ya está aquejada de divisiones internas a causa de “conflictos de intereses”, es decir, que existen investigadores que actúan como representantes y defensores de determinados laboratorios farmacéuticos. Es el momento de las donaciones a los partidos políticos, incentivos a los médicos, lisonjas, premiaciones de trabajos, etc. Todo sea por el “libre mercado” y la “libre competencia”. 

FASE IV: (este es el Real World tantas veces citado por el maestro J.A.Saviñón).

Comienza una vez comercializado el fármaco (post-comercialización), a los fines de detectar efectos secundarios o adversos que no se vieron en las fases previas, debido a que las muestras poblacionales eran muy limitadas. 

Un dato que no puedo dejar de mencionar es la colocación de folletos de propaganda dentro de grandes revistas y journals famosos. Así como, el invento del “Ghostwriters” que no son más que compañías de “escritores fantasmas” al servicio de las farmacéuticas, y que luego son firmados y publicados a nombre de “afamados académicos” que se prestan a ello. Por ejemplo, fabricantes que no dudan en maquillar los resultados de los ensayos, nos cuenta el Doctor D. Healy, que aporta datos apabullantes sobre el llamado “estudio 329”, en el que se valoraba la Paroxetina en niños. Los resultados, muy desfavorables para el fármaco, fueron hábilmente maquillados por una ghostwriter y plasmados en artículos firmados por académicos de relumbrón. A partir de ahí, el laboratorio promocionó fuera de indicación el producto, una actuación por la que recientemente se le ha impuesto en EEUU una enorme multa. David Healey. Pharmageddon. University of California Press. Berkeley, 2012. 320 pp.

La compañía farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK) acordó con el departamento de Justicia de Estados Unidos pagar una multa récord de 3.000 millones de dólares por promoción ilícita de tres medicamentos en Estados Unidos. El gigante británico promocionó ilegalmente el antidepresivo “Paxil” entre menores de 18 años.

Otro ejemplo es que en estos momentos el Laboratorio Pfizer debe pagar 300 millones de dólares por los casos de infarto producidos por CHAMPIX. 

Lo curioso es que una vez el fármaco es aprobado, los organismos gubernamentales no pueden exigir más pruebas de seguridad a los fabricantes, ni estudios de su eficacia o, de su costo-beneficio. Lo más que han podido lograr los organismos de gobierno, ha sido obligar al fabricante a colocar una etiqueta de advertencia al usuario y notificar a  los médicos por escrito (Dear Doctor letters). 

Espero que seamos más cuidadosos al prescribir medicamentos y al citar artículos de Journals y Revistas famosas.