Las metáforas para describir la enfermedad mental

Las metáforas para describir la Enfermedad Mental

Por Randolph Fillmore

(De HSM Beagle)

 

Ninguna brisa se agita en este caldero, porque no hay escape de su sofocante prisión. . . . – William Styron, Darkness Visible

Para la persona encerrada en el vaso, vacía y parada como un bebé muerto, el mundo en sí mismo es su mal sueño. – Sylvia Plath, The Bell Jar

No puedo pensar, no puedo calmar a este caldero asesino. . . Comprendo por qué Jekyll se suicidó antes de que Hyde se hiciera con el mando por completo. – Kay Redfield Jamison, An Unquiet Mind

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Los psiquiatras no se las arreglan demasiado bien para explicar en qué consiste su trabajo y, viceversa, los medios de comunicación no se distinguen por una especial habilidad para informar sobre las enfermedades mentales. A esta conclusión llegaron los participantes de la Conferencia de Consenso de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana sobre Psiquiatría y los Medios de Comunicación, que tuvo lugar en Marzo 1998 [1]. La conferencia abordó aspectos como el uso y abuso DSM-IV, la confidencialidad, la publicidad sobre psicofármacos y la eficacia de los tratamientos herbales, y los participantes no dedicaron mucho tiempo a la manera en que los periodistas científicos podrían mejorar su estilo y la exactitud de sus crónicas en relación con la enfermedad mental.

¿Pueden abordar los periodistas de temas médicos las enfermedades mentales con la agudeza y el estilo que emplean cuando informan sobre otras enfermedades, como el cáncer y las cardiopatías? Podría mejorarse en este terreno buscando mejores metáforas para describir los mecanismos internos de las enfermedades mentales. Así como los reporteros ofrecen “hechos,” los periodistas de temas médicos escriben “historias” para aclarar conceptos. Los escritores de historias, noticias y cualquier otro género escrito suelen usar metáforas para dar vida y significado a los hechos.

No es difícil encontrar una plétora de metáforas (algunas verdaderamente trilladas) en la prensa. En el Congreso rugen tormentas, y las escaramuzas dejan un poso polvoriento.. La burocracia tiene ruedas oxidadas, las orillas raciales necesitan un puente que las una, y Oriente Medio es un cenagal. Estas son las monedas metafóricas que gastan los periodistas.

Al explorar la enfermedad mental, los periodistas de tema médico carecen de esas potentes figuras que utilizan cuando escriben sobre otras enfermedades. El cáncer, por ejemplo, es una enfermedad que no necesita mendigar metáforas. En su clásico librito La Enfermedad como Metáfora (1977) Susan Sontag nos lo hizo ver claramente. Sontag llamó al cáncer “la despiadada invasión oculta” [2] de la que surgen las “metáforas controladoras del cáncer”, todas ellas acuñadas en “términos militares” [3]. Sontag destaca también que algunas metáforas que describen aspectos del cáncer crecieron en torno a la naturaleza misteriosa de la enfermedad, y especuló que “las enfermedades cuyo origen se cree multi-determinado (esto es, misterioso). . . tienen las máximas posibilidades de metáforas. . . .” Para Sontag, el idioma del cáncer cambiará cuando “la enfermedad se entienda mejor y las tasas de curación sean mucho más altas.”

Así es, las analogías militares se emplean con prontitud y facilidad para hablar de las “células invasoras” del cáncer, “el arsenal terapéutico” de la Medicina o la “valerosa batalla” que libra el paciente. La metáfora de la contienda es una poderosa analogía para tres de aspectos de cáncer: la patología, el tratamiento, y la experiencia del paciente. Sin embargo, los periodistas de temas médicos no disponen de tales metáforas, comprensivas y vibrantes, al escribir sobre las enfermedades mentales, especialmente en los aspectos de la patología, proceso de enfermedad, y tratamiento.

Por otra parte, el idioma metafórico que describe la experiencia de las enfermedades mentales puede ser apremiante, como en las citas de Styron, Plath, y Jamison. Los periodistas de temas médicos no deberían eludir las metáforas creadas por los pacientes. Pero desgraciadamente los escritores carecen de tropos para comunicar adecuadamente la patología y el tratamiento de enfermedades mentales, por lo que deberán encontrar algunos.

“No podemos usar metáforas militares con las enfermedades mentales, del mismo modo que no podemos hacerlo con la diabetes, porque no hay invasión,” dice Nada Stotland, presidenta de la conferencia de consenso y psiquiatra del Departamento de Abuso de Sustancias del Centro Médico Masónico de Chicago. “Necesitamos alguna imagen mental de cómo funcionan las enfermedades mentales. A partir de esa imagen surgirían las metáforas”. Stotland plantea una cuestión importante; mientras los escritores no consigan imágenes visuales claras de la patología y los mecanismos de las enfermedades mentales, no dispondremos de metáforas claramente descriptivas, y seguirán existiendo los obstáculos actuales para escribir sobre enfermedades mentales.

Jamie Talan, asistente al consenso y escritora de tema médico en Newsday, está de acuerdo con Stotland. Talan suele cubrir noticias de Neurociencias y enfermedad mental, y cree que la observación de los procesos físicos de la enfermedad en el cerebro sería un buen punto de arranque para buscar metáforas adecuadas. “Llevo quince años informando sobre enfermedades mentales y no he dado con la manera de contar a la gente, de una forma creativa, cómo trabajan la conducta y la biología para crear la enfermedad. Tengo que seguir volviendo a la noción de enfermedad cerebral, y cosas como los desequilibrios químicos,” dice Talan.

Hoy en día, la tecnología de imagen permite a los profesionales de salud mental “ver” realmente algunas enfermedades mentales. Cada número del American Journal of Psychiatry incluye imágenes brillantemente coloreadas de las anormalías estructurales de cerebros afectos de diferentes trastornos achaques, incluyendo la esquizofrenia. Estas técnicas permiten ver atrofias de hipocampo, ventrículos ensanchados e incluso alteraciones bioquímicas.

Elegir Metáforas con Cuidado

Los escritores deben escoger las metáforas médicas con cuidado para evitar cambios problemáticos de significado. En 1976, Karl E. Weick escribió que las metáforas son “no sólo frases pegadizas diseñadas para encandilar un auditorio” [4]. Al contrario, según Weick, son una de las pocas herramientas que ayudan a los escritores a crear descripciones compactas de fenómenos complejos. Del mismo modo, en un artículo en la Science Communication de 1995, Maasen y Weingart definieron a las metáforas como “mensajeros de significación” y “unidades de traducción” [5]. A su entender, los escritores deben usar las metáforas sabiamente, porque “el discurso cambiado por la metáfora reorganiza la realidad”; las metáforas transfieren significado “para producir efectos que no pueden controlarse desde el punto de vista del cambio potencial de significado” [6]. En otras palabras, los escritores deben ser muy cautos con las metáforas, porque su significado puede tomar vida propia. “La realidad reorganizada” puede ser peligrosa. Así como “la guerra contra la droga” ha tenido un gran alcance, si se une un mensaje metafórico equivocado a las enfermedades mentales podría perjudicarse a los enfermos e incluso alterar la política sanitaria.

Las metáforas son ya numerosas en la literatura médica, en la práctica médica, y en el concepto popular de las enfermedades. G.F. Hayden examinó la relación entre las metáforas médicas y la terminología de la mecánica, y encontró que tanto faltarte un tornillo como faltarte una tuerca eran los términos usados informalmente para describir la enfermedad mental. [7] L.A. Rhodes, al abordar las figuras del discurso para describir los efectos de medicación psiquiátrica, observó que pacientes y personal usaban diferentes tipos de metáforas para caracterizar efectos de la medicación. [8] Pacientes hablan de que están zombis, amuermados, o de que se les han ordenado las ideas. Hablan de la mente como “la olla”, algo a lo que hay que recargar porque le faltan las pilas, o algo a lo que se le puede cruzar el cable. Por su parte el personal habla metafóricamente desde el punto de vista del control. En su expresión más extrema, Thomas S. Szasz llegó a discutir la existencia de la enfermedad mental, sosteniendo que la enfermedad mental en sí misma es una metáfora más amplia para el comportamiento socialmente sospechoso.

Judy Segal llama la atención sobre la manera en que el idioma metafórico influye en el debate sobre la política sanitaria. “La metáfora es uno de medios por los que la biomedicina controla el debate sobre la salud pública”, escribe Segal. Para esta autora, hay tres metáforas principales en acción en la medicina hoy: el cuerpo como una máquina; la medicina como guerra; y medicina como negocio. La metáfora de “medicina como negocio” podría ser la más dañina, agrega, porque deshumaniza al paciente. [9]

“En la reunión de consenso tratamos de dar con un idioma que podamos comprender todos,” recuerda Talan.

Talan dice que psiquiatras asistentes a la conferencia expresaron su temor de que el managed care (“medicina como negocio,” según Segal) puede dar la espalda a las víctimas de la enfermedad mental. Las metáforas que encajan en la categoría de la “medicina como el negocio” podrían tener el mismo efecto definitivo sobre pacientes como los tropos (y las creencias) que implican que la causa de enfermedad mental es la posesión demoníaca. La metáfora de posesión condujo a un tratamiento inhumano del enfermo mental. ¿Corren los escritores y profesionales el riesgo de que la analogía de la “medicina como negocio” pueda tener un impacto similar sobre el enfermo mental? Los escritores deben tener cuidado para que las nuevas metáforas para los tratamientos y patologías mentales no arrastren de nuevo a galerías oscuras llenas de demonios (o de gestores económicos).

¿Podemos crear Nuevas Metáforas para la Enfermedad Mental?

En su clásico trabajo Metaphors we live by (1980), Lakoff y Johnson abordaron una figura a la que llamaron “metáfora de orientación”. Para estos autores las metáforas de orientación funcionan mejor con conceptos y sistemas. Puesto que la enfermedad mental es tanto conceptual como sistemática, concluyeron que este tipo de metáfora podría ser un dispositivo poderoso para comunicar aspectos de la enfermedad mental. Sus metáforas de orientación incluyen “metáforas de recipiente” y “metáforas de viaje”. Las metáforas de recipiente, escribieron los autores, están relacionadas con con el espacio, la densidad, las cantidades y los límites; las metáforas de viaje usan trayectorias y metas. Para Lakoff y Johnson estos dos tipos de metáfora tienen “vínculos compartidos,” o más bien rasgos comunes que los vinculan conceptualmente. [10]

En sus respectivas exploraciones personales sobre la enfermedad mental, Jamison y Styron se centraron en las metáforas de recipiente y viaje. Jamison [11] comparó sus episodios maníacos con viajes a Saturno y sus anillos helados. Ambos autores utilizaron la imagen de la obscuridad y el color negro. Styron [12] utilizó tropos de tiempo atmosférico; así, una tormenta lo arrastró al hospital – una tormenta de tinieblas, una nube negra. Por su parte, Jamison vio a la oscuridad desenvolverse en su mente.

John Barnden, profesor de inteligencia artificial de la Universidad de Birmingham (Reino Unido) y un “teórico de las metáforas”, tiene una página web dedicada a las metáforas que describen estados mentales. Barnden incluye categorías tales como “la mente como ser animado o cuerpo vivo”, “mente como objeto físico” y “mente emocional como espacio físico”. Aunque estos tipos de metáforas pueden ayudar a caracterizar enfermedades mentales, Barnden alerta contra los modelos de metáforas que usan algunos terapeutas.

“Ciertas ideas psicoterapéuticas como la de contactar con el niño que hay en tu interior son altamente metafóricas”, asegura. “Sospecho que mucha gente lo tomaría de una manera demasiado literal, y podría pensar que hay una persona distinta, escondida en su interior. Desde este punto de vista, hay que pensar en los peligros de la metáfora en la psicoterapia.”

Las metáforas de Tratamiento: ¿Una Guerra Abierta o una mera domesticación de inquilinos molestos?

La esquizofrenia es una enfermedad en la que son frecuentes las alucinaciones auditivas, por las que los pacientes oyen voces. “Los pacientes han descrito la experiencia de la esquizofrenia como si estuvieran parados en un ascensor rodeados por voces odiosas y amenazadoras,” dice Stotland. Cuando no se puede desalojar a estos inquilinos ruidosos y molestos, del edificio (la mente), hay que apaciguarlos, acomodarlos, y aplacarlos. Muchas de las medicaciones para la esquizofrenia funcionan de esta manera, por lo que pueden parecer menos merecedoras de la atención periodística (y menos interesantes para escribir sobre ellas) que las llamadas “medicaciones de ataque” que se emplean en otras enfermedades

La psiquiatra Sandra Walker, que trabajó como productora de televisión antes de estudiar medicina, destaca algunas metáforas notables sobre el tratamiento y enfermedades mentales. Por ejemplo, a Walker le gustaría saber a cuántas millas por hora se fugan las ideas de un paciente, o cómo se siente uno oscilando con el estado de ánimo. También usa metáforas para el tratamiento, y llama a la psicoterapia un “proceso de parentalización” para invocar el aspecto nutricio del proceso. Sus pacientes (la metáfora de recipiente) dicen sentirse permeables, llenos de agujeros. Además, asegura que en su práctica aporta un ambiente terapéutico parecido a un lienzo sobre que el paciente/artista puede pintar su experiencia.

“El inconsciente habla en metáforas,” dice Walker.

Los reporteros médicos no deberían evitar emplear metáforas ideadas por enfermos mentales. Los psiquiatras escuchan metáforas creadas por los pacientes, pero es muy variable el tipo de atención clínica que conceden a estos fenómenos y el uso que hacen de las mismas como terapeutas. Los periodistas de tema médicos podrían utilizar mejor que los psiquiatras estas metáforas.

David Hellerstein es un psiquiatra que asegura que observa las metáforas de los pacientes como médico y como escritor. “Como médicos nos esforzamos por descifrar los síntomas más raros, o las metáforas más idiosincráticas, con el fin de ayudar al paciente” [13]. Las metáforas idiosincráticas de las que habla Hellerstein son las que usa el enfermo mental para comunicar su experiencia. “El enfoque clínico, a pesar de ser empático, es frío y constante . . . el abordaje del escritor, en cambio, es cálido, ya que se zambulle en el remolino de idioma y la imagen, totalmente ignorante de dónde le podría llevar” [14].

Hellerstein aclara que no se refiere a periodistas de tema médico, sino a “escritores creativos,” que se mantienen al margen de la objetividad a la que está obligado el periodista. Pero los periodistas médicos son escritores creativos, en cuanto que deben exponer creativamente hechos médicos. En esta tarea, la metáfora es una de sus mejores herramientas. Los periodistas de tema médico, por supuesto, no pueden (como sugiere Hellerstein para los escritores creativos) ser “totalmente ignorantes” de a dónde pueden llevarles las metáforas que eligen. Éticamente, los periodistas de tema médico deben asegurarse de que las metáforas que escogen no solamente explican enfermedades mentales, sino que además contribuyen a una mayor comprensión y a un tratamiento humano de quienes las padecen.

Randolph Fillmore es un periodista independiente de tema médico y científico que ha publicado en Faulkne y Gray, Prudential Health Care, el Stars and Stripes, y Baltimore Sun. También es profesor a tiempo parcial de antropología y sociología.


Copyright © 1997 Txori-Herri Medical Association 1997. Reservados todos los derechos.

 

Publicado en Psicología y Psiquiatría

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