La emergencia ciencia-tecnología-sociedad

 

La emergencia ciencia-tecnología-sociedad

 

 

Autor: Francisco Humberto Figaredo Curiel

Cátedra Ciencia-Tecnología-Sociedad-Innovación

Universidad de la Habana. 

Febrero de 2009

 

Introducción 

El objeto de estudio de la presente tesina es la sociedad como sistema dinámico complejo[1], desde la perspectiva de la emergencia de interacciones ciencia-tecnología-sociedad que es el campo de acción. La pregunta-problema es la siguiente: ¿cuáles son los tipos históricos de emergencia ciencia-tecnología-sociedad? Caracterizar los fundamentales tipos históricos de emergencia ciencia-tecnología-sociedad es el objetivo general que se persigue. Se argumenta la idea de que los tipos históricos fundamentales de emergencia ciencia-tecnología-sociedad, porque inician procesos de naturaleza singular, son la emergencia de interacciones ciencia-tecnología-sociedad en la realidad (práctico-existencial), la emergencia de interacciones ciencia-tecnología-sociedad en el pensamiento (reflexivo-comprensiva) y la emergencia de interacciones ciencia-tecnología-sociedad en la academia (investigativo-educativo).

 

Como cualquier texto el presente tiene, por origen, condicionantes. De acuerdo a la dinámica en que se presentaron, el primero está asociado a la participación del autor en la versión 2008/2009 del Diplomado de Complejidad del Instituto de Filosofía del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de la República de Cuba. Uno de los temas sugeridos para la realización de las tesinas fue, precisamente, emergencia. El segundo es más distante en el tiempo, tiene que ver con la reflexión provocada por la solicitud que hizo uno de los oponentes de mi tesis doctoral[2], dirigida a profundizar en determinado aspecto teórico. En esencia, la reflexión contenía lo que hoy pueden considerarse, desde la perspectiva de los nexos entre los estudios de complejidad y CTS, manifestaciones históricas de emergencia CTS.

 

El trabajo contiene dos momentos. El primero se dedica a las premisas conceptuales, sin las cuales no fueran comprensibles las peculiaridades de los tipos históricos fundamentales de emergencia ciencia-tecnología-sociedad, que se abordan en el segundo. Al finalizar, a modo de conclusiones, se presenta una caracterización-síntesis y algunas ideas acerca de las relaciones entre los campos de ciencia-tecnología-sociedad y complejidad.

 

Con respecto al “Estado del Arte”, hasta la fecha no se ha localizado ningún trabajo de maestría o doctorado CTS defendido en Cuba[3] que tenga como objeto de estudio la emergencia ciencia-tecnología-sociedad. Se han realizado, en cambio y en diversas ocasiones, planteamientos por parte de miembros de ambas cátedras, complejidad y ciencia-tecnología-sociedad e innovación, referidos a la necesidad de estudiar los nexos entre estos campos. En una ocasión, incluso, se produjo un encuentro entre ellas, pero no pasó de ser exploratorio. Sirva lo expuesto para destacar lo virgen del terreno en que se mueve la tesina y, por tanto, el carácter del resultado que brinda: aproximación inicial.

 

 

Un comentario final. La reunión de las palabras ciencia-tecnología-sociedad[4], o el acrónimo CTS en su lugar, para denominar el campo no es lo más importante, sino lo que pretendió abarcar cuando apareció, como se mostrará, en la segunda mitad del siglo XX, a saber, el papel significativo y contradictorio que había adquirido la práctica cognoscitiva, el conocimiento, la ciencia, la tecnología, en la sociedad, a diferencia de épocas anteriores donde también estuvo presente pero no de manera tan evidente. Por ello si para el caso de Cuba fuera necesario encontrar las palabras que, en correspondencia con los hechos históricos, deberían reunirse para denominar el campo estas serían RPC, es decir, Relaciones Patria-Conocimiento/Ciencia porque son ellas las que emanan de lo escrito en los momentos en que nace y se establece nuestra nacionalidad. La pregunta martiana que sigue lo ilustra: “¿Para qué si no para poner paz entre los hombres han de ser los adelantos de la ciencia? (T.11, 292, 1887).[5]

 

Agradezco a todos los profesores del Diplomado y directivos de la Cátedra de Complejidad, que se esforzaron por persuadirnos de la importancia del campo, en general y para la construcción del socialismo en Cuba, así como a los cursistas por las ideas y reflexiones que sus intervenciones suscitaron. Dos colegas contribuyeron a mi comprensión de la complejidad, de manera especial: Pedro Luís Sotolongo, por sus valiosos comentarios y colaboración, y Carlos J. Delgado Díaz, por sus oportunas y precisas sugerencias relativas a la relación CTS-Complejidad. A los colegas de trabajo, que con sus observaciones y críticas me permitieron reafirmar, precisar y corregir ideas, también muchas gracias.

 

1. Premisas conceptuales

 

1.1 Reconceptualización del campo ciencia-tecnología-sociedad.

Ante todo es necesario destacar que los conceptos tienen valor en la medida en que más se aproximen, en correspondencia con la época y el contexto social, a los rasgos esenciales del objeto en cuestión; ahí radica su fuerza como “instrumentos” del pensamiento para observar, descubrir, describir, explicar, pronosticar, construir, comunicar, actuar. Los conceptos son “fases del conocimiento del mundo”, “nudos de aquella red” que ayudan a conocerla y comprenderla. (LENIN, 1964:89).[6]

 

Vivimos una época de transformaciones tan profundas que algunos autores la consideran síntomas de un cambio de época[7], más que cambios dentro de la época. Se habla también de que nos adentramos en una nueva era, la era del conocimiento[8]. Con independencia de las consideraciones que se hagan en torno al momento histórico que vive la humanidad, lo cierto es que si durante el medioevo europeo la religión fue, de todas las producciones humanas, la que mayor influencia ejerció en el resto de las actividades, por el poder económico y político de la iglesia, en la actualidad la ciencia y la tecnología, el conocimiento, también por intereses, económicos y políticos en primer lugar del capital, han ocupado su lugar convirtiéndose en factores decisivos en la vida de las naciones.

 

Las aplicaciones del conocimiento pueden proporcionarle a los seres humanos y al medio ambiente, al mismo tiempo y de manera paradójica, grandes beneficios e irreparables pérdidas. Toda forma de vida puede hoy preservarse y florecer, y la humana en especial alcanzar niveles de bienestar colectivo racionales significativos[9], pero también puede llegar a desaparecer y el planeta regresar a etapas iniciales en condiciones muy diferentes de aquellas. El tipo de interacción conocimiento-sociedad existente, por tanto y como nunca antes, es hoy crucial para los destinos de la humanidad.

 

Carl Mitchan ha planteado, para el caso de Occidente, que el significado completo del debate CTS:

“solo se puede comprender a través del amplio horizonte histórico de las relaciones de la ciencia, la tecnología y la sociedad (…). Dicho de una manera genérica; se pueden identificar dos modos fundamentales de entender y elaborar las relaciones CTS: una comprende a la antigüedad y la otra a los tiempos modernos. En el caso de la Antigüedad, la ciencia y la tecnología han de separarse (…); y tanto la ciencia como la tecnología deben ser gobernadas y controladas por la sociedad. En la Modernidad, la ciencia y la tecnología deben caminar conjuntamente, y debe favorecer su influencia, de una parte y, de otra, la ciencia y la tecnología deben liberarse del control religioso y estatal”. (MITCHAM, 1996:10-11).

 

Para facilitar la comprensión de la cita anterior se presenta cuadro el cuadro que sigue.

 

Épocas históricas

Modos de entender y elaborar las relaciones

ciencia-tecnología-sociedad en Occidente

Modo 1 Modo 2
Antigüedad ciencia y tecnología han de separarse tanto la ciencia como la tecnología deben ser gobernadas y controladas por la sociedad
Tiempos Modernos ciencia y tecnología deben caminar conjuntamente y debe favorecer su influencia ciencia y tecnología deben liberarse del control religioso y estatal

 

Con lo expuesto deseo destacar mi comprensión actual[10] del campo CTS en tanto praxis social influenciada por las circunstancias de cada momento y lugar, en la que se puede ser consciente o no de la importancia del conocimiento en la toma de decisiones sobre la interacciones[11] conocimiento-sociedad, así como en la producción, socialización y utilización de conocimientos sobre dicha interacción; es un hacer cosas o dejar de hacerlas[12], un actuar o dejar de actuar con conocimientos, desde la política, la economía, el derecho, la educación, la investigación, la divulgación, etc., en relación con necesidades concretas de subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad, libertad,[13] etc.

 

Diversos ejemplos pueden ilustrar acerca de praxis CTS antagónicas, por su contribución a la solución de problemas de las grandes mayorías. Dos de ellos están en la situación que presentaba la medicina cubana durante las décadas del 50 y 80 del siglo XX. La de los años 50 caracterizada por la desatención política, la de los 80 por constituir la salud uno de los sectores priorizados, que ya mostraba resultados relevantes de carácter internacional. Lo alcanzado en tan corto tiempo, si se tiene en cuenta el contexto adverso, y además se compara con el resto de América Latina y el Caribe, permite comprender la respuesta que Fidel Castro dio a un periodista en 1987 acerca de cómo explicar a Occidente el milagro cubano en medicina. Por su contenido, es una respuesta de orientación socio-tecno-cognoscitiva ya que se refiere a diversos factores condicionantes.

 

 

Lo que se subraya resalta la naturaleza de cada uno de los factores sociales contenidos en la respuesta que Fidel dio a la prensa: el político, representado por el conjunto de acciones a favor del conocimiento humano[15] desarrollado por el gobierno revolucionario a partir de 1959, entre ellas destinar los “recursos económicos necesarios”, “hacer programas para todo el pueblo”; el conceptual, presente ya en el Programa del Moncada[16], y que se corresponde con una práctica de la medicina social iniciada por Tomas Romay en las primeras décadas del siglo XIX; el organizacional, factor clave del proceso revolucionario en su intención de sustituir las viejas e inoperantes estructuras sociales; el defensivo, que puso a prueba no solo la capacidad del pueblo sino también su inteligencia, creatividad.

 

Pero no hay praxis socio-tecno-cognoscitiva sin componente ideal que la acompañe[17], y sus tipos y formas pueden ser diversos. Favorecer o limitar la acción de uno u otro elemento del contexto sobre el desarrollo del conocimiento, buscando determinados impactos sociales; o intentar conocer particularidades de una interacción dada, si es pasada para extraer experiencias, si es actual para entenderla y mejor conducirla, implica, inevitablemente, sentimiento, valoración, idea, reflexión, concepto, decisión, en una palabra, subjetividad[18]. La actividad socio-tecno-cognoscitiva implica una actitud mental y práctica, individual y colectiva, ante la vida y su cotidianidad, desde la perspectiva de cómo el conocimiento humano la beneficia o perjudica, y de cuáles son sus condicionantes[19].

Cada día es mayor y mejor la comprensión de que la vida se salva y eleva a planos humanos cualitativamente superiores si aprovechamos la inteligencia y el caudal de conocimientos y expresiones tecnológicas existentes.[20] Pero para lograrlo se requiere la emergencia de interacciones conocimiento-sociedad que lo permita.[21]

 

1.2. Emergencia

Lo primero que puede venir a la mente cuando se escucha la palabra emergencia es: aquello que aparece de pronto. Uno de los muchos diccionarios existentes la define en esa dirección: “Suceso o accidente súbitos”. Relacionado con emergencia, el mismo texto recoge otras dos palabras: emerger, como brotar, salir de detrás o del interior de algo, y emergente, lo que sale de un medio después de haberlo atravesado.[22] Dos aspectos llaman la atención aquí: a) lo inesperado del efecto de la emergencia y b) el vínculo de lo que emerge con su fuente, desde el mismo interior.

 

En el plano histórico, el tema de la emergencia cuenta con varias décadas de estudio y etapas de evolución, que no es interés analizar;[23] el plano teórico, en cambio, sí interesa por la importancia que tiene para la definición de emergencia de la actividad sociotecnocognoscitiva y el análisis de sus tipos históricos fundamentales.

 

Por emergencia se entiende el efecto de un proceso de naturaleza sistémica consistente en lo nuevo impredecible, que resulta de interacciones entre partes del sistema, diversas por su cantidad, frecuencia e intensidad, no reducible a ninguna de ellas y que requiere miradas múltiples simultáneas para conocerlo porque se trata de algo complejo.

 

Por su procedencia, las totalidades generadoras de emergencias pueden dividirse en dos grandes grupos: originario-naturales, relacionadas históricamente con procesos cósmicos y planetarios de naturaleza físico-química y biológica, que se sustentan en dinámicas de partículas fundamentales y células, por ejemplo la emergencia del planeta tierra de la totalidad nuestro universo, y la emergencia de la vida de la totalidad tierra[24]; y emergencias sociales, consecuencias en el tiempo de las anteriores pero distintas por resultar de procesos que integran acciones de hombres y mujeres histórico-concretos que poseen conocimientos, valores, habilidades y “se hacen los unos a los otros, tanto física como espiritualmente, pero no se hacen a sí mismos”[25]; la emergencia de la actividad socio-tecno-cognoscitiva de la totalidad práctica humana es, precisamente, una de los manifestaciones de la emergencia social.[26]

1.3 Emergencia de la A-STC

Desde los tiempos más remotos el conocimiento humano significativo,[27]ese que por y para la vida nace de manera tácita en la acción o se busca consciente y organizadamente en la investigación, ha desempañado un papel decisivo, lo que es reconocido por diversos actores. “Los cambios en los modelos de sociedad han estado ligados al descubrimiento y aplicación de determinados conocimientos y tecnologías que se han empleado para resolver el problema fundamental de la vida, es decir, la subsistencia”. Así fue en las sociedades cazadoras y recolectoras (de los homínidos al homo sapiens), en las horticultoras (11.000-10.000 a.C.), en las agrícolas (4.000-3.000), en las industriales (siglos XIX-XX) y, con más fuerza aún lo está siendo, en las actuales de tecnológicas avanzadas (finales del XX y XXI).[28]

 

En su interesante libro Las conexiones ocultas…, CAPRA (2003:129) destaca que al “ser un aspecto fundamental de la naturaleza humana, la tecnología ha moldeado de forma crucial sucesivas épocas de la civilización. Desde la Edad de Piedra hasta la Era de la Información, pasando por la Edad de Bronce y la Edad de Hierro, definimos los grandes períodos de la civilización en términos de sus tecnologías”. Pero mucho antes que ellos ya Carlos Marx había escrito que: “La tecnología nos descubre la actitud del hombre ante la naturaleza, el proceso directo de la producción de su vida y por tanto de las condiciones de su vida social y de las ideas y representaciones espirituales que de ella se derivan” (MARX, 1973:325).

 

La explicación del lugar central, protagónico, histórico-concreto, de los conocimientos significativos y sus expresiones tecnológicas en la vida de las personas de todos los tiempos radica en la extraordinaria influencia que ejercen los objetos que se construyen a partir de ellos en los seres humanos, ya que el “hombre se apropia de su esencia universal del modo universal, por consiguiente, como hombre íntegro. Cada una de sus relaciones humanas con el mundo –la vista, el oído, el olfato, el sabor, el tacto, el pensar, la contemplación, la sensación, el deseo, la actividad, el amor-, en una palabra, todos los órganos de su individualidad, al igual que los órganos que son órganos sociales directamente por su forma (…) son en su relación objetiva, o en su relación con el objeto, una apropiación de este último” (MARX, 1989:87-88).

 

La emergencia de la A-STC es un proceso social complejo relativo a la participación del conocimiento en la solución de problemas sociales mediante la interconexión estable de personas, recursos, organizaciones, instituciones; que puede ser práctico, reflexivo, espontáneo, dirigido, en dependencia del contexto sociocultural, y acompañarse de estudios acerca de las experiencias adquiridas. Cuando el proceso es consciente, dirigido, es determinante la existencia de líderes, competentes, apasionados, que irradien conectividad, o valores compartidos que se promuevan y asuman cuando no estén ellos.

 

Por su modo de existencia la A-STC tiene tres formas de manifestarse: como entramado de interacciones que transcurren en la cotidianeidad de la vida[29], la práctico-existencial; como entramado de interacciones que transcurren en la mente de las personas que son impactadas por esa cotidianeidad, la reflexivo-comprensiva; y como estudio-investigación de los anteriores entramados, es decir, la producción de conocimientos sobre los condicionantes e impactos sociales del conocimiento, la académico-institucional. Cada una de ellas posee un inicio peculiar en el tiempo. Un estudio a nivel planetario de la evolución de los fundamentales tipos históricos de emergencia de actividad sociotecnocognoscitiva requeriría el concurso de varios colectivos de investigación interdisciplinaria.

 

 

 

2. Tipos históricos fundamentales de emergencia de la A-STC

 

2.1 Emergencia de la A-STC práctico-existencial.

Como señala Mitchan, el significado completo del debate CTS solo puede comprenderse a través del amplio horizonte histórico de las relaciones de la ciencia, la tecnología y la sociedad; pero a diferencia de él, que lo circunscribe al Occidente del planeta, hay que iniciarlo en una período de la historia de la humanidad muy anterior en el tiempo, como sí lo hace Bernal[30]. Debemos remontarnos a momentos de la historia humana donde por primera vez seres vivos habían logrado utilizar el conocimiento adquirido en la lucha por la subsistencia para orientarse mejor en el entorno natural y construir cosas que nunca antes, en milenios de evolución, habían emergido de procesos físico-químicos y biológicos; y todo ello condicionado por la posición bípeda alcanzada, la liberación de las extremidades superiores, el aumento de la capacidad craneana y la sofisticación de las interacciones entre sí con ayuda del lenguaje e instrumentos.

 

El tipo de proceso que desembocó, en determinados parajes del continente africano y continuó en otros espacios geográficos, en la utilización, por el homo habilis y, con mayor amplitud, por el homo sapiens, del conocimiento acerca de objetos que se veían muy distantes encima de los cuerpos, fenómenos atmosféricos que con frecuencia ocurrían, espacios físicos que los rodeaban y permitían descansar, protegerse, tomar agua, recoger frutos y plantas, cazar animales, para alimentarse y cuidar la salud; así como el conocimiento sobre sus mismas características individuales relativos a la visión, fuerza muscular, rapidez de movimientos, saltabilidad espacial, cualidades vocales, habilidades manuales y mentales, etc., transcurrió de manera objetiva sin que dichos organismos se lo propusieran, planificaran. Fue una emergencia objetiva, a través de la cual la interconexión de acciones diversas, sistemáticas, producía cada vez más nuevos conocimientos que repercutían, a su vez, sobre las mismas acciones que los engendraron.

 

La utilización de muchos conocimientos que emergieron en aquellos tiempos remotos, en función de necesidades materiales, están en la base de varias de las ciencias actuales. Por ejemplo, y como describe Bernal, la práctica de manipular útiles y crear instrumentos llevó a que los hombres conocieran las propiedades físicas de los objetos naturales: mecánicas (dureza, flexibilidad, resistencia); estáticas (comportamiento bajo equilibrio de fuerzas); dinámicas (comportamiento bajo la acción de fuerzas variables). Al tener que utilizar el fuego para cocinar, se advirtió y comenzaron a aprovecharse los cambios químicos en el tratamiento de los alimentos. Al quemarse la madera se observó que ésta se transformaba en gases, pedazos de carbón, cenizas. Este descubrimiento trajo consigo que se aprendiera a extraer metales de los minerales por la acción del fuego (cobre, hierro, estaña, etc.). El conocimiento de estas sustancias llevó, con el tiempo, a la sustitución de los instrumentos de piedra por los metales. La observación y manipulación de las plantas y animales favoreció el conocimiento de sus propiedades. Las actuales ciencias biológicas se derivan de aquellos procesos. En el caso particular de la Anatomía sus antecedentes están en el conocimiento adquirido en el proceso de descuartizar los animales. Los conocimientos sociales, por su parte, emergieron de la vida en comunidad y de los procesos que implicó (organización de la caza, defensa, educación). Ellos estaban implícitos en el lenguaje y en las artes y sistematizados en los rituales y ceremonias de nacimiento, iniciación y muerte. (BERNAL, ob cit, 55-124).[31]

 

La emergencia STC práctico-existencial, es decir, la utilización de conocimientos en la cotidianeidad de la subsistencia durante los períodos más antiguos de la humanidad por el “método” de prueba-error/éxito fue, en esencia, un proceso complejo, dinámico, no lineal, contradictorio, en apariencia caótico[32]. No están claras aún, por ejemplo, las causas que llevaron a que ese proceso se interrumpiera hace unos 28000 años entre los neandertales, después de 200000 de convivencia en Eurasia con determinado desarrollo en las interacciones entre sí y con el entorno. La conclusión que se presenta en un reciente trabajo evidencia el carácter no lineal de ese proceso: “¿Por qué desaparecieron los neandertales en Mongolia (…), Israel (…), Italia, (…) Gibraltar (…), la Gran Bretaña? Pues bien, la respuesta podría ser distinta en los diferentes lugares, porque tal vez sucedió en épocas distintas”. Entre las causas pueden haber estado “la llegada del hombre moderno” y “los rigurosos cambios climáticos”.[33]

2.2 Emergencia de la A-STC reflexivo-comprensiva.

El referente al que remite en la realidad la emergencia de la A-STC práctico-existencial es, como se mostró, un objeto relacional de existencia milenaria, al menos si aceptamos que desde el homo habilis los seres humanos utilizan el conocimiento que adquieren en sus interacciones con objetos del entorno y entre si para garantizar la existencia, funcionamiento y cambio.

 

Durante largo tiempo ese proceso de sentir/descubrir/conocer/inventar/actuar transcurrió sin registros que permitan hoy valorar el tipo de reflexión que generó acerca de las cosas que facilitaban o entorpecían la obtención del conocimiento y los beneficios y/o daños que proporcionaba.

 

En la historia de la humanidad es difícil precisar cual es el primer registro que contiene una reflexión acerca del papel del conocimiento en la vida, en la sociedad, pero se cuenta, tal vez entre muchos, con un anónimo encontrado en una tumba egipcia que data del 2500 a.C. donde se plantea que:

 

Este mundo es un lugar terrible, los militares son violentos, los jueces son prevaricadores, los comerciantes engañan con el peso, las mujeres traicionan a sus maridos, los hombres han perdido el sentido del deber, las cosas no pueden seguir así; este mundo se acaba”.[34]

La anterior cita contiene, de una parte, la referencia a un mundo que se catalogó de terrible y no podía continuar así porque se acababa y, de otra, sus causas, que eran acciones concretas de hombres y mujeres que perdieron el sentido del deber por su violencia, prevaricación, engaño, traición. El contexto en que estas palabras fueron escritas se inscribe en el denominado Imperio Antiguo[35] (c.2700 – 2250 a.C.) en el que la capital del país se estableció definitivamente en Menfis bajo la dinastía III. Es la época en que se inicia la costumbre de erigir grandes pirámides y conjuntos monumentales en piedra, gracias al faraón Dyeser,[36] lo que representó para el pueblo largas y agotadoras jornadas de trabajo y sufrimiento.

Lo interesante del anónimo encontrado en la tumba egipcia, para el análisis de la emergencia STC reflexivo-comprensiva, es que permite relacionar su origen con momentos de conflictos sociales, crisis, en los que entran en juego, peligran, la vida de personas y pueblos.

 

2.3 Emergencia de la A-STC académico-institucional[37]

A diferencia de la dificultad que existe para determinar el origen de reflexiones sobre la interacción conocimiento-sociedad, el surgimiento de su estudio sistematizado, en el marco de otro de mayor alcance acerca de la sociedad capitalista, se inicia con la interpretación materialista de la historia de Marx y Engels, ya que revela los fundamentos materiales de la sociedad, sin los cuales la lógica de la historia y los diversos tipos de actividad de humana no fueran comprensible.

 

Los primeros pasos en la sistematización de los estudios sobre las interacciones conocimiento-sociedad aparecen con los trabajos de cienciología realizados por investigadores del excampo socialista y otros países europeos; y se elevan a planos cualitativamente superiores en la década del 60-70 del siglo XX con el desarrollo de estudios y cursos de ciencia-tecnología-sociedad en diversas universidades norteamericanas, europeas y latinoamericanas. ¿Cómo emergieron estos estudios?

 

El análisis de varios trabajos en que se aborda el origen de los estudios CTS permite hablar de un entorno que va desde los años 50 hasta principios de los 70. Para Albornoz[38], es “sobre todo a partir de los años cincuenta que estos estudios comenzaron a desarrollarse, originalmente en los Estados Unidos e Inglaterra”[39]. Rustum Roy, por su parte, señala que hacia “finales de los sesenta, (…)- grupos auténticamente interdisciplinarios de filósofos, ingenieros y científicos (…) iniciaron lo que ahora se conoce como el campo de los estudios en ciencia, tecnología y sociedad”[40]. Mitcham extiende el período hasta los 70 al plantear que “los estudios CTS comenzaron en Norteamérica y Europa durante los años sesenta y setenta, como una reconsideración crítica del papel de la ciencia y la tecnología en la sociedad” (MITCHAM, ob cit p. 9).

 

La ubicación del origen en la década del cincuenta por parte de Albornoz y colaboradores, tal vez se deba a que los autores consideran de inspiración CTS los programas que durante los años cincuenta nacieron en universidades norteamericanas orientados a la formación profesional de gestores de la ciencia y la tecnología y que se conocieron como Science, Technology and Public Policy (STPP, Ciencia, Tecnología y Política Pública). Los mismos autores hacen pensar así al plantear que la “constitución del campo `Ciencia, Tecnología y Sociedad´ aparece como un proceso relativamente nuevo, si se le compara con otros propios de las ciencias sociales, que se desenvuelven –a partir de la Segunda Guerra Mundial- en forma colateral a la emergencia de las políticas públicas referidas a la actividad científica y tecnológica, y a la conciencia creciente de las posibilidades y peligros que se derivan de este quehacer” (ALBORNOZ, ob cit, p. 19).

 

Para otros autores, los programas STPP “debido tanto al momento en que surgen como al propósito con el que se pusieron en marcha participaban de lo que aquí hemos denominado concepción tradicional de la ciencia y la tecnología.” Contra ellos, “claramente reaccionaron los defensores de los programas CTS, especialmente en la tradición americana” (GONZÁLEZ et al, 1996:113).

 

Si se asume como criterio para determinar la fecha en que nacen los estudios en CTS las primeras universidades que desarrollaron programas académicos con esta denominación, entonces, su origen se ubica en instituciones norteamericanas[41] a finales de los años 60[42]. Se trata, concretamente, de los programas ofertados por las Universidades de Cornell y Pennsylvania, en 1969[43].

En la clasificación de estos programas que realizan Cutcliffe y Mitcham, los de Cornell, denominados Estudios sobre Ciencia y Tecnología, tienen un interés “primordialmente explicativos e interpretativos, el cual se originó a partir de los debates que historiadores, sociólogos y filósofos sostuvieron en los años 60 acerca de lo inadecuado de las explicaciones internalistas de la naturaleza, el origen, el desarrollo y la fundamentación de la ciencia y la tecnología” (Ibid, p.193). Los de Pennsylvania, en cambio, “ponen énfasis en la educación general para una ciudadanía inteligente y responsable, en una sociedad con un alto componente científico y tecnológico. De este modo, pueden subrayar la <alfabetización científica y tecnológica> de la ciudadanía y/o el análisis contextual de la ciencia y la tecnología como un fin en sí mismo” (Ibid, p.194-195). Estos últimos programas son los que más se vinculan al acrónimo CTS y cuentan con numerosos partidarios en Estados Unidos[44]

 

Hay un tercer tipo de programas en la clasificación mencionada que de acuerdo con lo planteado por González et al (1996:113), al parecer, se derivan de aquellos que surgieron en la década del 50 bajo el nombre de Ciencia, Tecnología y Política Pública. Se diseñaron “para preparar a gestores científicos e ingenieriles en el amplio contexto sociopolítico con el que cada vez será más probable que se encuentren, o bien tienen un enfoque administrativo más explícito con el propósito de preparar especialistas en política”. Constituye “quizá el grupo de estudios de mayor y mejor desarrollo en este nivel” (CUTCLIFFE y Mitcham, 1994:192-193).

 

La emergencia STC académico-institucional estuvo condicionada por diversos factores, todos resultado del período histórico posterior a la Segunda Guerra Mundial en que comienzan a manifestarse, como nunca antes, las extraordinarias potencialidades transformadoras[45] del binomio ciencia-tecnología. Dichos factores pueden analizarse en dos planos interrelacionados: el de las ideas y el de la práctica sociopolítica. En el primero, entran diversos trabajos de especialistas, críticos y divulgadores que sembraron “dudas acerca de los beneficios proporcionados por la ciencia y la tecnología, beneficios que hasta entonces no habían sido cuestionados; alertaron de los riesgos vinculados con determinadas tecnologías, así como de las fisuras en la cultura de la sociedad”, y revelaron las diversas influencias a que está sujeta la actividad científica (Ibid, p. 190-191). Entre ellos se encuentran:

 

 

 

 

Al ámbito de la práctica sociopolítica, pertenecen los movimientos sociales de carácter crítico que relacionan sus protestas con la ciencia y la tecnología, así como diversas agencias creadas por decisión administrativa en respuesta a las preocupaciones públicas, debido a los impactos de la ciencia y la tecnología en la sociedad.

 

Entre los movimientos sociales se destacan:

 

Algunas de las agencias creadas en Estados Unidos son:

 

En el análisis de los factores que influyeron en la emergencia STC académico-institucional, llama la atención la ausencia de reflexiones en torno al desarrollo que habían alcanzado, hacia finales de los años 60 y principios de los 70, los estudios sociales de la ciencia y la tecnología de tradición marxista. El problema, al parecer, es que “los autores marxistas han sido tradicionalmente relegados en la consolidación institucional del movimiento CTS. La respetabilidad académica parece haber requerido, tanto en Europa como en Estados Unidos, la inmolación de la ideología y el compromiso social” (GONZÁLEZ, et al,[47] ob cit, p. 75). Sin embargo, a juzgar por lo que John D. Bernal[48] expresó, con aleccionadora honestidad científica, acerca de la huella que en él y sus colegas participantes del Congreso de Historia de la Ciencia de Londres de 1931 dejaron los trabajos presentados por la delegación soviética, es evidente que ello debe ser tenido en cuenta en el estudio de los antecedentes del movimiento CTS.

 

“Puedo afirmar –reconoció Bernal- que la inspiración para mi obra puede encontrarse allí. No entendíamos todo lo que decían, de hecho, y creo que ellos tampoco nos entendieron a nosotros del todo, pero reconocimos que allí había algo nuevo y de inmensas posibilidades y, siendo así, todo el rango completo de nuestro entendimiento podía ser multiplicado trabajando en base a las sugestiones que ofrecían” (Bernal citado por CIASPUCIO, 1994:25-26).

 

Para tener una visión más integral de los factores que influyeron en la emergencia STC académico-institucional, es necesario llamar la atención también sobre otro hecho al que se refieren Gómez e Ilerbaig, siguiendo a Fudpucker: CTS es producto del apoyo que recibieron la mayoría de sus programas por parte de fundaciones, financiadas por grandes empresas o famosos multimillonarios, buscando promover la formación de una cultura científico-tecnológica y, lo principal, reorientar “el estudio crítico de la época, convirtiendo en especialidad académica lo que podía haberse constituido en un movimiento con reivindicaciones sociales y democráticas” (GÓMEZ e Ilerbaig, ob cit., p. 140).

 

El conjunto de los condicionantes expuestos evidencia su carácter contextual. Si bien la actividad STC académico-institucional emerge en Estados Unidos y Europa, la reflexión acerca de interacciones conocimiento-sociedad es anterior, lo que debe ser tenido muy cuenta en los espacios socioculturales y geográficos donde se busque desarrollar esta problemática. Ello permite comprender, en el caso de Cuba, porqué la materia Problemas Sociales de la Ciencia y la Tecnología (PSCT) emergió del interior de la enseñanza superior cubana y se incorporó a los programas de estudio de varias carreras universitarias.

 

La incorporación de PSCT tiene lugar en el contexto del derrumbe del modelo eurosoviético de construcción socialista. Se relaciona con la situación creada en torno a los exámenes de filosofía marxista-leninista para optar por las categorías docentes superiores de la educación superior;[49] exámenes estos que, en no pocas ocasiones y lugares específicos, constituían, para los optantes, duras y agotadoras pruebas por el volumen de lecturas que debían realizar, muchas veces distanciadas de sus intereses inmediatos e inclinaciones intelectuales.

 

Independientemente de la responsabilidad que le quepa a los profesores de marxismo por la orientación y realización de los exámenes, no puede descartarse que la situación haya sido alimentada también por quienes, desde posturas positivistas, conscientes o inconscientes, venían haciendo rechazo a los contenidos de las ciencias sociales y humanísticas.

 

Junto al “factor externo” que influyó directamente en la emergencia en la enseñanza superior cubana de PSCT, hubo otro, “interno”, que facilitó la gestión administrativa.[50] A inicios de 1987, en el marco de las investigaciones sociales aprobadas en el país, se iniciaron los estudios del TEMA 04 titulado Problemas sociofilosóficos del progreso científico-técnico (PCT), bajo la dirección de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.[51]

 

Para los investigadores de la educación superior que se enrolaron en el estudio de los problemas sociofilosóficos del progreso científico-técnico, la experiencia constituyó, sin lugar a dudas, un “entrenamiento” para su labor, pocos años después, como profesores de PSCT. Sin esa “prueba de fuego”, con seguridad, las dificultades con la nueva asignatura y, posteriormente en la apertura y desarrollo de la maestría de Ciencia-Tecnología-Sociedad en 1997, hubiesen sido mayores.

 

Tomadas de conjunto las emergencias STC reflexivo-comprensiva y académico-institucional en Cuba brindan, en hipótesis, la siguiente trayectoria con la que finaliza este texto. Ellas solo buscan facilitar la comprensión de los tipos históricos fundamentales de emergencia de actividad sociotecnocognoscitiva.

 

 

Consideraciones finales

 

La reunión de las palabras ciencia-tecnología-sociedad para denominar determinado campo de estudio fue coyuntural. Lo importante es lo que pretendió abarcar, a saber, el papel significativo y contradictorio que había adquirido la práctica cognoscitiva, el conocimiento, la ciencia, la tecnología, en la sociedad, a diferencia de épocas anteriores donde también estuvo presente pero de manera no tan evidente; por ello es posible hoy reconceptualizarlo en correspondencia con sus dimensiones principales -práctica, reflexiva, investigativa-, la orientación política que lo originó como movimiento social -el desarrollo verdaderamente humano de la humanidad- y la comprensión lograda acerca de las interacciones conocimiento, ciencia, tecnología, sociedad.

 

La actividad sociotecnocognoscitiva es el proceso social de reflexión y/o estudio en contexto acerca de los condicionantes e impactos sociales del conocimiento en aras de contribuir con innovaciones al desarrollo social. Sus formas de existencia fundamentales son tres: la práctico-existencial, la reflexivo-comprensiva y la académico-institucional. Los tiempos que median entre sus procesos de emergencia resultan significativos, debido a sus peculiaridades.

 

Si asumimos que la vida aparece en la tierra hace 3,800 millones de años, el homo habilis 2, 500 000, el testimonio escrito más antiguo de nuestra cultura 2,500 años y los primeros programas Ciencia-Tecnología-Sociedad 40 años, entonces, y hasta que surjan nuevas evidencias, el proceso emergente práctico-existencial de la A-STC demoró 3797, 500 000 (3800 000 000 – 2, 500 000), el reflexivo-comprensivo 2, 497 500 (2,500 000 – 2,500) y el académico-institucional 4469 años (2,500 + 1969). Durante todo ese tiempo los impactos sociales del conocimiento, de la ciencia y la tecnología han sido contradictorios y pueden abarcarse en dos grandes etapas: la de la “armonía primitiva”, que va de la aparición de los homínidos hasta el surgimiento de las sociedades clasistas y la de la “construcción-destructiva”, que llega hasta nuestros días. No debe desconocerse, sin embargo, la presencia de procesos constructivos a favor de una “nueva armonía” en lugares puntuales, pero estamos muy lejos aún de lograrlo en todas partes, por lo que la lucha, el trabajo, debe continuar, porque no existe otra opción para continuar habitando el “planeta azul”.

 

Por último, las consideraciones anunciadas en la introducción acerca de las relaciones entre los campos complejidad y ciencia-tecnología-sociedad, que son complejas en especial por la recursividad entre ellos.

 

Desde el punto de vista ontológico, se trata de procesos enraizados en la realidad, que están asociados a totalidades sistémicas, existen objetivamente y comparten un tejido común: las interacciones[53]; pero mientras que al ser de la complejidad pertenece todo tipo de interacciones al de CTS solo aquellas que se conformaron entre conocimiento, ciencia, tecnología y sociedad, producto de milenios de evolución compleja.

 

Desde el punto de vista epistemológico el enfoque de la complejidad favorece la comprensión de las interacciones que estudia CTS, pero se beneficia, a su vez, del que brinda éste campo. Apoyado en la complejidad me fue posible dimensionar la perspectiva CTS e identificar los tipos históricos fundamentales de emergencia, pero este análisis, y otros posteriores, pueden enriquecer el estudio de la emergencia social, donde el conocimiento siempre está presente. Es posible hablar de una relación compleja del tipo todo-parte entre ellos. Complejidad es más y es menos que CTS, más porque su marco conceptual “irradia luz” sobre cualquier emergencia social u originario-natural; menos porque no es “autosuficiente” para profundizar en las interacciones conocimiento-sociedad, que exigen conocimiento concreto de sus trayectorias.

 

En el plano axiológico, ambos campos deben compartir valores comunes ya que el futuro del ser de la complejidad depende del tipo de interacciones CTS que prevalezca en el planeta.[54] La paz, que evite todo tipo de conflicto humano destructivo, la armonía con el entorno, que permita conservarlo y mejorarlo, el consumo racional, que conjugue bienestar individual y colectivo, y la acción necesaria, crítico-creativa, responsable y solidaria, que lo sustente todo, son algunos de esos valores. Es necesario comprender y, en consecuencia actuar, que: “El equilibrio de la naturaleza no es un statu quo; es fluido, mudable y en estado permanente de reajuste”. “El <<control de la naturaleza>> es una frase concebida con arrogancia nacida en la edad de Neandertal de la biología y de la filosofía…”. (CARSON, 1964:302)[55]

 

Desde el punto de vista histórico, la complejidad originario-natural es anterior a la complejidad CTS, pero la sistematización de la emergencia social CTS de tipo académico-institucional se inicia primero con los programas universitarios de fines de la década del 60[56], que fueron años en los que mucho se reflexionó acerca de las consecuencias de las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki y se profundizó la comprensión de que el conocimiento humano, la ciencia y la tecnología no son neutrales, dependen de contextos histórico-concretos en los que se imponen determinados intereses, valores, conceptos, proyectos.

 

En la más remota antigüedad, la “armonía primitiva” que caracterizó las interacciones conocimiento-sociedad estuvo influenciada por el contexto de las carencias de una vida muy dependiente del entorno natural; al cambiar éste con la división de la sociedad en clases las interacciones adquirieron un carácter constructivo-destructivo, por el imperio de intereses estrechos. Esperemos que, más temprano que tarde, la humanidad logre un nuevo tipo de armonía en las interacciones conocimiento-sociedad con participación de todos los seres humanos, todos los saberes y para que la vida pueda continuar su aventura cósmica.

 

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Recomendaciones

 

Desde la perspectiva de una teoría de la actividad sociotecnocognoscitiva, lo expuesto puede interpretarse como elementos a favor de su construcción. Para darle continuidad a esta idea, una línea importante de investigación puede ser la de estudiar sus fundamentos, entre los que a continuación se sugieren.

 

Fundamentos ontológicos

 

Relativos a realidades sociales, objetivamente existentes, que le dan sustento a la A-STC pero que a la vez son producto de ella.

 

Epistemológicos

 

Relativos al enfoque de la A-STC, a la naturaleza de su conocimiento.

 

Axiológicos

 

Relativos a los valores que contribuyen al desarrollo de la A-STC de orientación humanista.

 

Pedagógicos

 

Relativos a los aprendizajes que ayuden al desarrollo de actitudes STC a favor de la vida desde las edades más tempranas.

 

Introducción

 

Al concluir su participación en el Congreso Anual de la Society for Social Studies of Science, realizado los días 28 y 29 de octubre de 1999 en San Diego, California, un destacado experto en la problemática de Ciencia-Tecnología-Sociedad (CTS) redactó la siguiente crónica:

 

“Con relación a las viejas tensiones y nuevas tendencias de este campo de trabajo que se pusieron de manifiesto en San Diego, destaca la creciente insatisfacción general con la mera acumulación de casos de estudio empíricos, que siguen proliferando como sectas, sin un relevante trabajo colectivo de fundamentación teórica o estudios cruzados que conecten los numerosos casos específicos con distintos ámbitos de trabajo. También se percibió la tensión habitual entre la necesidad de seguir adquiriendo consolidación académica en CTS y la conveniencia de evitar el cierre disciplinar de este campo alrededor de la sociología (…). Por último, en el Congreso se reclamó asimismo la necesidad de rebasar más claramente un ámbito estrictamente académico y, sin perder el rigor adquirido, darle una proyección más práctica al trabajo en CTS”[57].

 

Dos años después del Congreso de San Diego, otro especialista señaló que el campo CTS estaba contaminado, bajo influencia kuhniana, de paradigmitis por la tendencia a conceptualizar sus actividades colectivas en detrimento del análisis de cuestiones normativas En este sentido apuntaba que pueden reconocerse cuatro actitudes CTS respecto a la política de su propia investigación: enseñar como se alcanza la clausura de las afirmaciones de conocimiento en una controversia científica, desarrollar en los investigadores la habilidad de identificar las incertidumbres y ambigüedades en las controversias científicas actuales, proporcionar recursos a otros para adquirir poder en el campo de las controversias, rechazar la política del mundo real.[58]

 

En el caso de la trayectoria del pensamiento latinoamericano, para Vaccarezza la preocupación por la función social de la política científica y tecnológica, en el marco de una tradición combativa de pensamiento CTS, nacida a finales de los años 60, se ha transformado “en gestión y la militancia del movimiento en formación de expertos. De ahí que, sea por el acotamiento al medio académico de los tópicos de conocimiento de CTS, sea por la lógica de la administración como principio de adaptación a los dictámenes de la competitividad internacional, el esfuerzo intelectual de CTS prescinde por ahora de su carácter movilizador y de su pretensión de cambio” (VACCAREZZA, 1998:19).

 

¿Cuánto se ha avanzado desde fines de la década de 1990 en las direcciones señaladas por la crónica (fundamentación teórica y proyección práctica del campo CTS), así como en su “descontaminación” de la influencia kuhniana?

 

No es objetivo del presente texto contestar la pregunta formulada, lo que requeriría una profunda revisión de la literatura producida por los principales especialistas a nivel internacional en los últimos 10 años. Se intentará, en cambio, algo más modesto: exponer en calidad de hipótesis algunos elementos para una teoría del llamado campo CTS o de las interacciones ciencia-tecnología-sociedad, pero bajo otra denominación: actividad sociotecnocognoscitiva (A-STC). Las razones son las siguientes:

 

“Hasta donde yo sé, y con independencia de utilizaciones esporádicas que no enlazan con la tradición académica principal de CTS, “science, technology and society” lo usó por primera vez Rostum Roy, el fundador del STS Programa de la Universidad del Estado de Pensilvania a finales de la década de 1960 o principios de la de 1970. Yo llegué a conocerlo en una visita a su universidad. Era un ingeniero de origen hindú o pakistaní, aunque de nacionalidad USA, que se quejaba de no haber tenido la vista de llamar “society, technology and science” a su programa, lo que según él (a principios de la década de 1990, cuando lo conocí) reflejaba mejor la realidad de las cosas.”[60]

 

 

Con respecto a la orientación política de que se parte, la A-STC se enmarca en la preocupación formulada en 1962 por el creador de la Bioética sobre el futuro de la humanidad, y que va al encuentro de una idea expresada mucho tiempo antes por José Martí en forma de pregunta. Si para Potter se trataba del “conocimiento de cómo usar el conocimiento para la supervivencia humana y para mejorar la condición humana”[63] para Martí la cuestión radicaba en que los adelantos de la ciencia debían servir para poner paz entre los hombres[64], lo que hoy solo es posible en un mundo de globalización solidaria[65]. En consecuencia, la actividad sociotecnocognoisctiva debe contribuir al bienestar material y espiritual de los seres humanos, así como a una relación armónica con el entorno socioambiental.

 

La construcción de una teoría sobre la actividad sociotecnocognoscitiva solo es posible con el esfuerzo conjunto de numerosos especialistas y enfoques, debido a su grado de complejidad.[66] Ante todo se requiere de una mirada histórica que facilite el estudio y comprensión de sus principales formas de existencia. Lo que a continuación se presenta aborda, precisamente, los tipos históricos fundamentales de emergencia sociotecnocognoscitiva, que constituyen elementos imprescindibles en una teoría sobre ella.

 

En su estructura el texto contiene dos momentos. El primero se dedica a las premisas conceptuales, sin las cuales no fueran comprensibles las peculiaridades de los tipos históricos fundamentales de emergencia sociotecnocognoscitiva; en el segundo se abordan los tipos concretos de emergencias identificados, a saber: la práctico-existencial, la reflexivo-comprensiva y la académico-institucional.

 

 

Publicado en la Revista electrónica Pensando la complejidad Nº VII, Año III, 2009, pp. 45-63

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[4]El orden pudo ser sociedad-tecnología-ciencia, como se infiere del correo que el destacado experto de la OEI, José Antonio López cerezo, envió cuando fue consultado (13/2/2009): “Hasta donde yo sé, y con independencia de utilizaciones esporádicas que no enlazan con la tradición académica principal de CTS, “science, technology and society” lo usó por primera vez Rostum Roy, el fundador del STS Programa de la Universidad del Estado de Pensilvania a finales de la década de 1960 o principios de la de 1970. Yo llegué a conocerlo en una visita a su universidad. Era un ingeniero de origen hindú o pakistaní, aunque de nacionalidad USA, que se quejaba de no haber tenido la vista de llamar “society, technology and science” a su programa, lo que según él (a principios de la década de 1990, cuando lo conocí) reflejaba mejor la realidad de las cosas.” El que se hable de “utilizaciones esporádicas que no enlazan con la tradición académica principal de CTS” tal vez se deba a que ya en 1938 apareció una tesis doctoral con el título Ciencia, Tecnología y Sociedad en la Inglaterra del Siglo XVII, de Robert King Merton, que considera “el cambio de atención y consideración social hacia la ciencia y la tecnología que tuvo lugar en Inglaterra durante el siglo XVII, período en que ese país se convirtió en escenario fundamental de la ciencia moderna, epicentro que en los siglos siguientes se desplazaría a Francia, Alemania y Estados Unidos”. (NÚÑEZ, http://www.oei.es/salactsi/nunez03.htm).

[9] Si los individuos que están en condiciones de tomar decisiones políticas importantes, y además les corresponde, lo hicieran no habría dificulta para reunir 826 000 millones de dólares e invertirlos en la solución de problemas sociales que afectan a la humanidad, por ejemplo: 345 000 los aportaría la condonación de la deuda externa, 250 000 solo un cuarto de lo que cada año se derrocha en publicidad comercial, 130 000 el 07% del Producto Interno Bruto prometido por los países desarrollados, 100 000 la reducción de los gastos militares de la OTAN y 1000 lo que el Norte utiliza en subsidios agrícolas. Intervención del jefe de la delegación cubana en la conferencia de Alto Nivel sobre “Seguridad Alimentaria Mundial: los desafíos del cambio climático y la bioenergía. Medios requeridos para obtener la seguridad alimentaria”. Periódico Granma, miércoles 4 de junio de 2008, p. 5

[11]. Interacciones son “acciones recíprocas que modifican el comportamiento o la naturaleza de los elementos, cuerpos, objetos o fenómenos que están presentes o se influencian. Suponen: 1. Elementos, seres u objetos materiales, que pueden encontrarse. 2. Condiciones de encuentro, o sea, de agitación, turbulencia, flujos contrarios, etc. 3. Obedecen a deterimaciones/imposiciones que dependen de la naturaleza de los elementos, objetos o seres que se encuentran. 4. Se tornan, en ciertas condiciones, interrelaciones (asociaciones, ligazones, combinaciones, comunicación, etc.) o sea, dan origen a fenómenos de organización. Así, para que haya organización es preciso que haya interacciones, para que haya interacciones es preciso que haya encuentros, para que haya encuentros es preciso que haya desorden (agitación, turbulencia) … cuanto más crece la diversidad y complejidad de los elementos en interacción, más crece la diversidad y la complejidad de los fenómenos en interacción, más crece la diversidad y complejidad de los efectos y de las transformaciones devenidas de estas interacciones”( MORIN, 1987:53-54).

[12] Un solo ejemplo basta para ilustrarlo: mientras se invierten 17 mil millones de dólares en alimentos para mascotas, 8 mil en cosméticos y 400 mil en drogas y estupefacientes, se deja de invertir en la malaria, que afecta a 16 millones de personas. La vida muestra, por tanto, que los impactos del conocimiento, positivos o negativos, proceden no solo de lo que se hace sino también de lo que no se hace; es ese, precisamente, el sentido de la praxis dialéctica: acción+omisión; que en el plano artístico-musical tiene su correlato, en hipótesis, en lo expresado por el prestigioso pianista cubano Frank Fernández Tamayo antes de iniciar un Concierto en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís en Ciudad de la Habana el miércoles 18 de febrero: “En esta ocasión permítanme agradecer la medalla que me han otorgado no con un discurso sino con mis sonidos y mis silencios”.

[19] En conferencia magistral impartida a inicios de año (21/1/09) el coordinador de la Cátedra CTS-I de la Universidad de la Habana, Jorge Núñez Jover, expresó que “nuestro interés académico y desde luego político” está en el “papel del conocimiento, la ciencia y la tecnología en la sociedad”, porque “el conocimiento, la educación, la ciencia y la tecnología ocupan hoy un lugar cada vez más relevante en el debate político y ético internacional”; “los dilemas desarrollo/subdesarrollo, soberanía/dependencia, equidad/inequidad, sustentable/insustentable, justicia social/injusticia social, exclusión/inclusión, entre otros, dependen cada vez más de la apropiación social del conocimiento, la ciencia, la tecnología y la innovación”; “el éxito o fracaso en la construcción de alternativas socialistas, progresistas, al capitalismo depredador, dependen también de la capacidad que tengan esos proyectos de movilizar el conocimiento, la ciencia, la tecnología y la innovación”.

[21] El recién electo presidente de los Estados Unidos ha decidido apostar por determinado tipo de interacción conocimiento-sociedad. En su discurso de investidura expresó: “Pondremos a la ciencia en el lugar donde se merece y aprovecharemos las maravillas de la tecnología para aumentar la calidad de la sanidad y reducir su coste (…) transformaremos nuestras escuelas y universidades para hacer frente a las necesidades de una nueva era” (EFE, 20.01.2009-20:10 h). La pregunta es si se lo permitirán las contradicciones y obstáculos que la administración anterior le dejó. Deseemos que sí, para bien de la humanidad, y que lo haga con aquella sabiduría que reclamaba un compatriota suyo: “el conocimiento de cómo usar el conocimiento para la supervivencia humana y para mejorar la condición humana”, POTTER, 1998:32.

[26] Para Sergio Bagú, en la realidad social son peculiares la “materia prima” que la compone, las formas en que el tiempo se organiza y los tipos de procesos que transcurren. La materia prima está formada por una praxis dialéctica (intergénesis, acción +omisión), otras inserciones previas, un esquema de definición individual (cosmovisión, conocimiento, matrices lógicas, carga emocional, mecanismos mentales mágicos, escla de valores, aspiraciones, arsenal de simbolismos) y un instrumental material; el tiempo se organiza como secuencia (el transcurso), como radio de operaciones (el espacio) y como riqueza de combinaciones (la intensidad); los procesos pueden ser de tres tipos: a) iniciados algunos hace decenios, quizás siglos, otros hace muy poco, b) algunos que transcurren en su totalidad en una superficie reducida, mientras otros en lugares entre sí los más distantes y c) algunos con ritmo muy lento de desarrollo, cuando otros son de ritmo vertiginoso. (BAGÚ, 87-107).

[41] El movimiento que se venía gestando en Estados Unidos en la dirección de una “tercera cultura”, fue señalado por Snow en 1963 en la versión ampliada de su conferencia Rede: “Me ha llamado cada vez más la atención un cierto cuerpo de opinión intelectual que espontáneamente va formándose, sin organización, sin guía ni dirección consciente de ninguna clase, bajo la superficie de este debate (…). Este cuerpo de opinión parece provenir de intelectuales situados en una diversidad de campos: historia social, sociología, demografía, ciencias políticas, economía, gobierno (en el sentido académico norteamericano), psicología, medicina, y artes sociales como la arquitectura. Parecerá una amalgama heterogénea, pero hay en ello una consistencia interna. (…), en su visión de problemas fundamentales –como el de los efectos humanos de la revolución científica, que es el caballo de batalla de todo este planteamiento- presentan cuando menos un cierto aire de familia” (SNOW, 1977:80-81).

[42] En el estudio de los orígenes del movimiento CTS hay que tener presente que en América Latina a “partir de la década del 60, (…), se generó lo que puede denominarse pensamiento latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Sociedad (… PLACTS). Es posible distinguir dos líneas conductoras que, en distinto grado, funcionaron simultáneamente: un diagnóstico crítico del modelo vigente, y una intención de cambio social para los países latinoamericanos. Uno de los principales logros fue la crítica al modelo lineal de innovación, al mismo tiempo que refutaba en sus fundamentos el desarrollismo rostoviano, al enfatizar los aspectos históricos y políticos que explicaban la génesis dialéctica de la situación entonces existente. Se proponían instrumentos analíticos como “proyecto nacional”, “demanda social por C&T”, “política implícita y explícita”, “estilos tecnológicos”, “paquetes tecnológicos”. Es particularmente interesante que estos instrumentos hayan sido formulados como herramientas que permiten comprender el cambio en términos globales, y no solamente explicar la situación local” (DAGNINO, ob cit. pp.6-7).

[66] En la década de 1980 cuando estudiosos de la ciencia del excampo socialista se plantearon el objetivo de construir la Cienciología, Ciencia de la Ciencia o Teoría de la Ciencia, se conformó un colectivo de investigación que incluyó a especialistas de los países que a continuación se relacionan y que resultó en un texto cuyo índice general también se expone. Países: Bulgaria, Alemana, Polonia, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Checoslovaquia: Índice: I – Objeto, tareas y métodos de la cienciología. II – La ciencia en el sistema de reproducción de la vida social. III – Especificidad y estructura de la actividad científica. IV – La personalidad y el colectivo en la creación científica. V – El potencial científico. VI – La política científica en el sistema de la dirección social. VII – Planificación del desarrrollo de la ciencia. VIII – Organización y dirección de la actividad científica. IX – Nexos científico-técnicos internacionales. X – La responsabilidad social y ética de los científicos (Ver: RICHTA, 1985). Pero la idea de construir una teoría sobre la ciencia no preocupaba en la época solo a autores del excampo socialista, en 1982 un autor nortemaricano escribió al respecto lo siguiente: “No es sorprendente que el estudio teórico de la ciencia y la tecnología – campo éste que durante cierto tiempo fue calificado limpiamente de <ciencia de la ciencia> – requiera una estrategia social de base social. Para todo observador informado y comprensivo, la ciencia ha tenido evidentemente tantos aspectos y cualidades como la cultura humana en general. Procede ensamblar la sociología, la historia, la política y la economía de la ciencia y la tecnología y unirlos a la psicología, la estética, la lógica y la metodología, la antropología y, desde luego, la filosofía de la ciencia y la tecnología. Todavía no está demostrada la posibilidad de ensamblar todos esos sistemas de conocimientos en una forma ordenada, pero subsiste el objetivo, que consiste en aprehender la ciencia y la tecnología en su conjunto, con todas sus características y sus efectos ramificadores sobre las prácticas sociales de la humanidad así como las nuevas cualidades del conocimiento humano” (COHEN, 1982:11).

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