FENOMENOLOGÍA DE LOS CELOS

Carlos De Los Ángeles

La celotipia no alcanzó categoría de reflexión psicopatológica hasta que Karl Jaspers publicó su brillante estudio “Delirio Celotípico, Contribución al problema: ¿Desarrollo de una Personalidad o Proceso

En dicho trabajo Jaspers encuentra cuatro formas de las ideas de celos: 

1 – Celos Psicológicamente Normales.

2- Celos Morbosos.

3- Celos Deliroides (desarrollo).

4- Delirio Celotípico (proceso). 

En la celotipia psicológica las ideas de celos son cambiantes, se aumentan por todas partes y se olvidan, luego vuelven a reestructurarse y se justifican encontrando fundamento de una u otra manera.

En los celos morbosos las ideas se desarrollan de modo lento o brusco, pero estable, las demostraciones se mantienen durante años y a duras penas pueden olvidarse, salen por doquier y aumentan. No son sistematizadas y la autocrítica es más o menos amplia. 

Para Karl Jaspers ambas formas deben ser diferenciadas de la celotipia Deliroide “en la cual surgen ideas y observaciones que aparecen por doquier y se olvidan sin ninguna crítica; también debe diferenciarse del Delirio Celotípico Sistematizado, en el que existe plena certeza “con el surgir de la representación del hecho. 

En los Celos Deliroides no hay la certeza, sino, la sospecha que sometida a crítica, finalmente aparece como verdadera. El delirio celotípico tiene, en su génesis, conexiones con todos los síntomas psicóticos dependiendo del cuadro morboso en que se presente. Si no se da en la plenitud de los demás síntomas su origen puede hallarse en una combinación de errores sensoriales y falsos recuerdos. Resulta muy llamativo cómo los hechos cotidianos pueden interpretarse con arreglo a las ideas de celos: encuentros fortuitos en la calle o en una fiesta, visitas inesperadas, ruidos sospechosos, tardanza en abrir la puerta, una mirada casual, llegar a casa y hallar desorden en la habitación, etc. Aparecen con frecuencia falseamientos ilusorios en el área perceptiva. Se ve y se oye más que sombras y ruidos sin importancia. Por supuesto, debemos delimitar con claridad, fenómenos como las auténticas voces, visiones y vivencias delirantes que corresponden a entidades morbosas como las esquizofrenias. Las alucinaciones de contenido sexual son fenómenos especiales en conexión con el delirio celotípico

Karl Jaspers a pesar de sus valiosos aportes, no se preocupó por indagar qué cosa eran los celos. Tellenbach (1969) supone que el maestro partió del presupuesto de “una conciencia general de lo que se debe entender bajo la palabra celos”. Toca a Friedman (1911) y al propio Tellenbach (1969) preguntar expresamente qué son los celos. 

Para Platón los celos se hallan “entre aquellos estados psíquicos en los que el hombre se encuentra bajo la determinación de la pasión”. 

Como la nostalgia, la envidia, el eros; es la pasión un pathos. El ser que sufre reclama algo que le es imprescindible para colmarse, en la ausencia de ese algo, queda el vacío. El sí mismo (seIf) queda reducido. 

Hace un tiempo en el barrio de Katanga una mujer de 26 años fue acechada por otra mujer celosa de su marido, ésta la golpeó en la cabeza y al caer inconsciente, le roció gasolina y le prendió fuego. Fundados o no, los celos provocaron un estado psicológico en la agresora que no cede ni siquiera con la rival inconsciente, indefensa en el suelo. Además, ésta pasión le dio fuerzas suficientes para huir a su ciudad natal, a mas de 200 Km del lugar del hecho. 

Celotipia deriva del griego zeo (hiervo, ardo, me enfurezco, me quemo, estoy en ebullición). Celotipo o celoso es ser-golpeado por algo ardiente

Con respecto al contenido o tema de los celos se da una variedad. 

El hombre puede estar celoso del prestigio, del éxito, de la gloria, del poder, de la cercanía de Dios, etc.; que un rival le amenaza. Puede, por supuesto, estar celoso de una mujer cuyo amor amenaza con desviarse hacia otro. Siempre que aparecen los celos, algo que me pertenece sin discusión o algo que considero, creo o anticipo como propio, amenaza con perderse en manos de otro

No ocurre así con la ENVIDIA. En la envidia deseo-poseer algo que legítimamente pertenece a otro. Los motivos pueden ser los mismos: amor, rango, prestigio, poder, valoración, etc.; pero, la flecha intencional está dirigida a querer-tener lo que de modo primario se halla en manos de otro y cuya pertenencia le envidio. Esto es capital para comprender la esencia de los celos, estos no son un querer-tener lo que a otro corresponde, eso es envidia. Los celos son un querer-retener, un no-querer-perder aquello que considero en absoluto y sin discusión como mío

Ahora bien, si el motivo de mis celos se pierde en manos del otro, el rival, ya no puedo hablar de celos, lo cierto es que el celar se agota con la certeza de la pérdida para ceder el paso a sentimientos de frustración, desprecio y venganza

Tellenbach (1969) nos enseñó que lo que hace la intranquilidad del celoso es la indecisión, la agonía entre la posibilidad de la pérdida y nuestro deseo de evitarla. A quien se vigila celosamente no es al rival, sino, que vigilo celosamente aquello que me pertenece. Esto explica el hecho de que a pesar de todas las experiencias vivenciadas en el DELIRIO CELOTIPICO, como la vergüenza, la indignación y la ira contenida ante la supuesta infidelidad; el paciente no inicie medidas para evitar los hechos o sorprender a la pareja infiel. 

Otro hecho importante es que para que tome a alguien como rival, el celoso debe reconocerle igualdad de cualidades e incluso verle como superior, reconocerle como digno de disputarle algo que le pertenece. 

Una de mis pacientes, 50 años de edad, 25 años de casada y 4 hijos, me refiere: “Estoy llegando tarde a las citas porque ahora mi esposo me trae él mismo… es que hace quince días que botó al chofer que ya tenía dos años conmigo… yo que estaba acostumbrada con él, me hacia todas las diligencias”. Al preguntarle los motivos por los que se despidió al chofer, responde: “mí marido dijo que no le gustaba la confianza que estaba cogiendo con las sirvientas y con mis hijos”. Le pregunto si no habría algo de celos respecto a ella misma y me responde con asombro: “¿con el chofer?…no, no creo que mi marido me cele con un chofer… ahí sí me ofendo yo”. 

Friedman (1911) señala que “el celoso toma al rival solamente por su posibilidad de competir”. Por esa razón lo ilustró con el ejemplo del cochero: ¿”Se rebajará tanto el marido, que es un señor distinguido, a tener celos de aquel criado? Lo que surge es odio y rechazo en forma en forma de despido.

Este es otro punto importante en la constelación celosa, el único que puede ser reemplazado es el rival, el tercero en discordia, que en ocasiones ni siquiera es necesario conocer, como en la “pasión contra desconocido” de Friedman. 

El motivo de los celos impone límites a la pasión. 

Aquel que cela por prestigio, honor o poder se rendirá ante un rival muy superior, pero, cuando el objeto de los celos es la persona amada, nada conseguirá que los celos se disuelvan por sí mismos. Sólo la pérdida en las manos del rival hará desaparecer los celos amorosos

Otra paciente, profesional universitaria, 31 años de edad, soltera, viene a consulta con un cuadro depresivo-ansioso cuya queja principal es el agotamiento. Lleva 8 años de relación con un hombre casado, quien solicita desde hace 1 año la ruptura definitiva a causa de los celos de la paciente (unas veces normales y la mas de las veces morbosos). 

Ella relata: “ay doctor, ya no puedo mas, póngame a dormir aunque sea por una semana… lo que pasa es que cuando se me mete en la cabeza que él anda con otra, me entra un desasosiego que tengo que dejar lo que esté haciendo para ir buscarlo por toda la ciudad, no importa que sea de madrugada, salgo en el carro y paso por su casa, si el carro de él está en el parqueo me voy tranquila a mi casa… pero, ay si ese carro no está… comienzo como una loca a buscarlo donde los amigos, los restaurantes que él visita, por el malecón, a ver si veo su carro… si no, cojo para los moteles, buscando como una loca… sudo… se me sale el corazón … no puedo respirar… piso el acelerador y no me doy cuenta… a veces llego agotada de tanto buscar, a veces, hasta las 4 o 5 de la madrugada… no porque quiera, sino, para estar a las 8 de la mañana en el trabajo… eso es los días de trabajo, porque si es fin de semana amanezco dando vueltas hasta que lo encuentro o él vuelve a su casa. Cuando lo encuentro en un sitio público yo no hago escándalos… me siento donde él me vea y ya él sabe… bueno, a veces él se despide y se va a la casa… otras veces se sienta conmigo a convencerme de que me vaya a dormir… entonces lo obligo a que se vaya conmigo a un motel”. 

“En esto se sufre mucho… he estado a punto de matarme… hace un tiempo como a la una de la madrugada, lo buscaba por el malecón y vi un carro parecido al suyo… lo perseguí y el del carro aceleró mucho y yo mas… me le pegaba, pero, se me iba…  hasta que me salí del carril y me crucé a la vía contraria y por poco me vuelco… me asusté tanto que el carro se me apagó y me quedé un rato llorando y me fui a casa”. 

A pesar de que la paciente mejoró mucho con psicoterapia, antidepresivos y ansiolíticos, la relación se perdió; obviamente, por la conducta celosa de la paciente y a que el hombre no pudo soportar el sobresalto de sentirse “perseguido a toda hora”. El nunca aceptó venir a la consulta. 

Esta paciente ha sido muy importante para mí porque me aclaró una cuestión que se me había convertido en un problema: ¿Por qué las amantes no celan con relación a las esposas? La sencillez de la respuesta fue como un rayo de luz: “Bueno, ella no me importa… él no la quiere. Está con ella por los hijos… además, se ve que ella no es mejor que yo… esa no puede conmigo”.

Entonces comprendí claramente: La amante no cela por motivo de la esposa. Esta es percibida por aquella como un ser inferior, es un rival vencido. No puede venir a disputarle el objeto amoroso. 

Esto se afianza con las supuestas confesiones íntimas del hombre sobre la “incapacidad” de la esposa de satisfacerle sexualmente o la falta en prodigarle atenciones hogareñas, etc. 

Es el esposo infiel quien invalida a la esposa frente a los ojos de la amante. Pero, el celar aparece ante la posibilidad de una nueva amante, a la que si pudiera reconocerle como una rival, esto es, alguien con capacidad de desplazarle

Esta paciente entabló una nueva relación con un joven militar, soltero. Relata: “Al principio… los primeros tres meses estuve feliz, pero, poco a poco me empezaron las sospechas y la ansiedad… una mañana me salí del trabajo y empecé a buscarlo… lo encontré… iba con una mujer al lado… yo no pude ver bien… él se dio cuenta y cruzó el puente “Duarte”… lo perseguí hasta la autopista de “San Isidro”… ellos se metieron en un motel y yo me paré en la entrada… sentada en el carro esperando que salieran… me fumé una caja de cigarrillos… un empleado del motel salió varias veces… parece que lo mandaban a ver si yo todavía estaba ahí… en un descuido mío ellos salieron y les caí detrás, cruzamos de nuevo el puente y cerca de la Avenida Duarte el dobló y la dejó, yo lo ví y dejé que se fuera y me fui detrás de la mujer muy despacio para verla bien… era una vieja y hasta gorda… una mujer fea… me fui y lo busqué, lo encontré donde una hermana de él y le dije de todo… hasta sucio y asqueroso que esa mujer a lo mejor le daba dinero… él me dijo que no sabía que yo era una loca… ahora me hace mucha falta… le pedí perdón, pero, él dice que no me quiere ver “ni por fotos”… estoy muy mal”. 

La paciente sigue soltera con 42 años de edad y aunque logra conseguir compañeros, la relación se pierde tarde o temprano. 

Aquí debo puntualizar la incompatibilidad entre el celar y el amor. 

Tal como apunta Tellenbach (1969) “el celar no deja lugar para la ocupación amorosa con el otro; al contrario, este espacio es mas bien vaciado, y el otro “materializado” en una “posesión”, sobre el que se cree tener un título de derecho”. De aquí la peculiaridad querulante del celoso.

Muchas veces al celoso no le interesa la comprobación de sus sospechas, estamos a la puerta del delirio de celos y cuando llegamos a los celos como pathos, tocamos el territorio de lo ético, de la libertad de elección. 

Ahora bien, no podemos dejarnos confundir por algunos giros de la conducta del humano en situación de pareja. Se da el fenómeno del no-celar, la ausencia de celos, aun en presencia de una verdadera relación extraconyugal; en realidad es una situación de desinterés a causa del desamor que ha surgido en la pareja. Desinterés que por lo regular dura años antes de que efectivamente la pareja se disuelva. 

En “Remedios Para El Desamor”(1990) el profesor Enrique Rojas apunta que “la fidelidad se alcanza con actitudes de respeto y consideración hacia la otra persona, gracias a pequeños ejercicios de lealtad, amistad y confianza reciprocas”. Precisamente, de lo que carece el celoso es de confianza

Ver en http:www.monografias.com

http://www.monografias.com/trabajos7/fece/fece.shtml

La Fenomenología de la violencia.

http://www.monografias.com/trabajos10/fevi/fevi.shtml

Publicado en Psicología y Psiquiatría

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