EL POLÍGRAFO MENTIROSO

 

Carlos De Los Ángeles

A los polígrafos se les llama popularmente detectores de mentiras.

Estos aparatos cuestan alrededor de diez mil dólares cada uno y están siendo usados en algunos países para programas de televisión en que un poligrafista registra los cambios del pulso, presión arterial, ritmo respiratorio, y respuesta galvánica de la piel a través del sudor; cuando alguien contesta las preguntas que hace el presentador del programa. Todo un show.

Sin embargo los cambios fisiológicos no están relacionados siempre con la verdad o falsedad de las respuestas que da la persona investigada. Es erróneo creer que este método posee altos niveles de certeza.

Elie Shneour un biofísico norteamericano se sometió al polígrafo mediante una serie de preguntas preparadas por él mismo, a las que respondió con la verdad. Sin embargo, el polígrafo y el poligrafista actuante determinaron que mentía. Este psicofisiólogo renunció a su cargo y declaró: “Si usted es inocente, nunca acepte una prueba con polígrafo; pero si es culpable, admítala: hay una posibilidad de que sea exonerado de culpa”.

El problema es que si usted está tenso o se indigna con una pregunta, el polígrafo va a registrar reacciones corporales que no están bajo el control de su voluntad. Se puede alterar su ritmo cardíaco o respiratorio y el polígrafista va a interpretar que usted miente, aunque esté diciendo la verdad.

Peor es el caso del verdadero delincuente ya que este no se inmuta al mentir porque precisamente esa es su costumbre: vivir en la mentira. Entonces va a “pasar la prueba del polígrafo” con una falsa inocencia. Los agentes de los servicios de inteligencia de la llamada “guerra fría” eran entrenados en sus respectivos países para mentir sin que el polígrafo lo detectara.

Imagínese usted a un joven teniente egresado de la Academia policial 2 de Marzo a quien se le pregunte si tiene relaciones con delincuentes del barrio y conteste que no, pero que por tensión emocional o molestia con el entrevistador tenga cambios somáticos, no pasará la prueba del polígrafo y será expulsado de la institución. O que le pregunten si ha tenido relaciones homosexuales y ocurra que el polígrafo registre que miente cuando conteste que no las ha tenido. El mentiroso no es nuestro imaginario teniente, el mentiroso es el polígrafo.

Por estas razones no confío en la introducción de estos aparatos en la investigación policial. Aunque puedan orientar hacia dónde dirigir una investigación sus resultados no deben ser llevados como prueba a ningún tribunal de justicia. Además si la prueba se hace contra la voluntad del sospechoso no tendrá validez en un tribunal.

Muchos delincuentes pasaran las pruebas y muchos inocentes no las pasaran, porque estos aparatos mezclan mansos con cimarrones.

Publicado en Psicología y Psiquiatría

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