El Objeto de la Psicologia Comunitaria (Margarita Ussher)

El Objeto de la Psicología Comunitaria desde el paradigma constructivista

Lic. Margarita M. Ussher

Colegio de Psicólogos de Buenos Aires (Argentina)

http://www.psicolatina.org/Cinco/comunitaria.html


Resumen

La Psicología Social Comunitaria surgió en América Latina en la segunda mitad del Siglo XX, ligada a las prácticas de psicólogos y psicólogas que buscaban responder, desde su trabajo profesional, a las necesidades de las mayorías excluidas, en un continente herido por el crecimiento salvaje del neoliberalismo. Se nutre de diferentes teorías. Su paradigma está todavía en proceso de construcción.

El objetivo del presente trabajo es hacer una reflexión epistemológica sobre el objeto de la Psicología Comunitaria analizando la convergencia y complementariedad entre distintas líneas teóricas que la enriquecen:

  1. La epistemología genética y la perspectiva de la complejidad.
  2. La teoría sistémica-relacional.
  3. La Psicología Comunitaria Latinoamericana.

Estos desarrollos teóricos tienen supuestos paradigmáticos comunes referidos a cuestiones ontológicas, epistemológicas y metodológicos. En el paradigma emergente de la Psicología Comunitaria Latinoamericana se agrega la dimensión ético-política como componente central de una psicología surgida desde el compromiso con una praxis transformadora.

Palabras clave: Paradigma – constructivismo – psicología comunitaria.


1. Introducción:

En la segunda mitad del Siglo XX, la Psicología Comunitaria se va delineando como rama de la Psicología Social. Amalgama en su seno diversas teorías y métodos de intervención; se nutre fundamentalmente de las prácticas de los psicólogos que en distintos lugares del mundo, tratan de responder a los requerimientos de las nuevas realidades sociales, sobre todo las referidas a la exclusión social, pobreza y violencia. La Psicología Comunitaria se encuentra aún en estado emergente, considerablemente retrasados sus desarrollos teóricos sobre las prácticas de intervención que identifican su campo de acción. Su objetivo es la resolución de problemas de la más diversa naturaleza (educacionales, culturales, salubristas, económicos, alimentarios, etc.) a través de variables psicosociales y desde una postura protectiva, promocional y preventiva, teniendo como objetivo final el desarrollo humano y comunitario integral.

Definir su objeto implica hacer un recorte, elegir un “foco”, supone una interpretación a partir de categorías personales, teóricas y valorativas.

Foco y horizonte son dos metáforas que nos permiten delimitar, desde una perspectiva particular, un punto en el que centramos la mirada y un espacio que lo circunda, este espacio es tan amplio como la mirada lo permite. Si nos desplazamos, el horizonte cambia con nuestro movimiento. El horizonte tiene como límite nuestra propia visión. “La determinación del horizonte define un sistema foco y un contexto” (Guevara, 2002. p.20). ¿Con qué criterio o intencionalidad recortamos un foco y un horizonte en el trabajo científico?

La discusión ética no es ajena o posterior al trabajo científico, debe incorporarse en su origen. “La condición ética es nuestra manera de ser en el mundo” ( Díaz, Rivera, 2002. p. 371) y la ciencia como práctica social compleja que se despliega en contextos institucionales responde a diferentes estructuras normativas que no pueden ser silenciadas. Los objetivos de la ciencia dependen de criterios sociales, culturales, históricos y de diferentes dispositivos de poder que se ponen en juego en su desarrollo.

La Psicología Comunitaria surge en América Latina de “la insatisfacción de psicólogos preocupados por la orientación de la psicología clínica hacia la salud mental, la injusticia social y las limitaciones del paradigma psicológico vigente para enfrentar esta problemática”.(Wiesenfield ,1994. p 47)

Desde esa misma insatisfacción parte mi trabajo, que se nutre, en la práctica cotidiana, en los requerimientos que personas, grupos, organizaciones y comunidades hacen a los psicólogos en sus demandas por aminorar sus padecimientos y construir una vida más digna. La pobreza, la exclusión, la pérdida de derechos que nos interrogan en el ejercicio profesional ¿no deben también marcar un horizonte en los desarrollos de las teorías científicas?

Hoy América Latina vuelve a ser vivida como una totalidad signada por una historia y un destino común. ¿Podrá la Psicología también ser parte de ese proceso?

Si miramos el mundo desde la perspectiva de la complejidad, no podremos, además, dar definiciones cerradas, con fronteras rígidas. Las teorías, las metodologías tienen transversalidades enriquecedoras que nos llevan a recorrer fértiles territorios de frontera. Es por esto que buscaré en los desarrollos de la perspectiva constructivista elementos que permitan analizar sus contribuciones a la construcción del paradigma emergente de la Psicología Social Comunitaria.

Los términos constructivismo y construccionismo social son utilizados indistintamente por muchos autores. Kenneth Gergen afirma que el término constructivismo hace referencia al mismo movimiento científico que el construccionismo social, pero que él prefiere este último para “retener el vínculo con la obra primordial de Berger y Luckman La construcción social de la realidad “. (Gergen, 1993. p. 10) En este trabajo consideraré la revisión que sobre la epistemología genética realiza Rolando García y aportes de la Teoría General de los Sistemas a la terapia familiar y el estudio de redes sociales y sistemas amplios.

 

2. El paradigma constructivista.

El término objeto de una ciencia define a “aquello que se estudia, sobre lo cual se desea conocer o saber algo” (Sabino, 1986, p. 13).

Desde el paradigma de una ciencia se establece su objeto y su método, los problemas que entran en los límites de la indagación científica y cuales quedan fuera de ella. “Los hombres cuya investigación científica se basa en paradigmas compartidos están sujetos a las mismas reglas y normas para la práctica científica”(Kuhn,1971, p.34) y se organizan como comunidades con cierto grado de homogeneidad. Por ejemplo, “los psicólogos definen y tratan los problemas a partir de condiciones que fijan lo que se puede y no se puede indagar”.(Castorina, 2002, p. 16.)

Guba y Lincoln definen paradigma como un sistema básico de creencias que aparece como una cosmovisión que “determina, para quien lo sostiene, la naturaleza del mundo, el lugar del individuo en ella y la posible relación frente a ese mundo y sus componentes” (Guba y Lincoln, 1994, p.5) Estos autores señalan que las creencias sustentadas por un paradigma responden a tres cuestiones básicas interrelacionadas:

  1. la cuestión ontológica: ¿cuál es la forma y naturaleza de la realidad?
  2. la cuestión epistemológica: ¿cuál es la naturaleza de la relación entre el que conoce y lo que puede ser conocido?
  3. la cuestión metodológica: ¿cómo puede el investigador encontrar aquello que cree debe ser conocido?

Maritza Montero afirma que el paradigma es un “modelo constituido por un conjunto sistemático de ideas que presenta relaciones e interpretaciones acerca de la actividad humana, de sus productores, de su génesis, de sus efectos sobre los seres humanos y sobre la sociedad, señalando modos preferentes de hacer para conocerlos ”(Montero, 1994, p.30). Los paradigmas son construcciones históricas que responden a diferentes modelos del hombre que le dan significado.

La perspectiva de la complejidad generó un nuevo espacio cognitivo que modificó el mapa de la modernidad y abre la necesidad de superar los paradigmas rígidos, cerrados para intentar construir “nuevas figuras del pensar” y del intervenir científicamente. (Najmanovich. 2005. Pág.21)

Rolando García define como “marco epistémico” a las nociones desde las cuales un investigador trabaja y representa una particular concepción del hombre y del mundo, este marco “expresa la tabla de valores del propio investigador” y nos lleva a analizar las raíces ideológicas de las teorías científicas.”Los valores, explícitos o implícitos en el marco epistémico, están allí en acción desde los primeros registros del dato empírico” (García, 2002, p 39)

El paradigma constructivista es un esfuerzo por superar el objetivismo del empirismo y el relativismo de la psicología discursiva, que llevó a distintas formas de dualismo: interioridad-exterioridad, organismo-sociedad, sujeto-objeto de conocimiento, teoría/práctica. El énfasis está puesto en el significado.

¿Cómo responde el paradigma constructivista a las tres preguntas centrales planteadas por Guba y Lincoln?

2.1. La cuestión ontológica: ¿cuál es la forma y naturaleza de la realidad?

La realidad es concebida como un sistema complejo que sólo puede ser conocido parcialmente, desde recortes intencionales realizados por el observador, en función de objetivos específicos.

Un sistema es la representación de ese recorte, es una construcción conceptual producida por el investigador, con la cual representa las actividades más significativas que pudieron ser visualizadas en el campo de trabajo.

Morin dice que un pensamiento complejo no es aquel capaz de brindar todas las respuestas sino un pensamiento donde “siempre estará presente la dificultad”(Morin, 1995, p 421). La complejidad integra al observador en su observación, implica búsqueda permanente de una totalidad que se sabe inalcanzable. “La complejidad es el desafío, no la respuesta” (Morin, 1997, p 143)

La complejidad nos quita la certeza de una única manera de explicar la realidad, cuestiona la racionalidad objetivista, nos obliga a transitar la incertidumbre, a abandonar los límites supuestamente claros.

Un sistema complejo funciona como una totalidad, compuesto por diferentes procesos o subsistemas en mutua dependencia, que se interdefinen. Es abierto, con intercambios permanentes con el contexto.

El conjunto de las relaciones entre sus componentes constituye la estructura, “que da al sistema la forma de organización que le hace funcionar como una totalidad” (García, 2002, p.17).

Un sistema complejo pone en juego procesos donde entran en interacción elementos que pertenecen al dominio de diferentes disciplinas.

Podemos describir las siguientes peculiaridades de los sistemas complejos:

  1. Un sistema tiene características que no pueden ser atribuidos a ninguno de sus componentes en particular ni son el resultado de la simple adición de sus partes. Las propiedades o el comportamiento de cada parte tiene efecto sobre el conjunto y este modifica las partes. Se describe un enlace de causalidad circular entre sus componentes.
  2. Los sistemas complejos son “no descomponibles o semi-descomponibles” ya que “sus elementos sólo pueden ser definidos en función del resto” de los componentes del sistema, no es posible aislar las partes ni modificar independientemente unas de otras. (García, Rolando, 2000, p.68).
  3. “Los sistemas explicables en términos de circularidad son sistemas donde la historia cuenta. Lo que pasa en este momento está restringido por el operar del sistema. La historia está encarnada en la estructura del sistema.”(Pakman, 1996, p. 21)
  4. La evolución del sistema responde a una dinámica que difiere de las dinámicas propias de sus componentes. Cada subsistema puede variar con procesos que tienen escalas temporales y espaciales propias. Ello se agrega a la dimensión teleológica (de causalidad final o propósito) de la totalidad.
  5. El desempeño de un sistema está relacionado con:
    1. Su relación con el medio.(contexto)
    2. La jerarquía que se establece en la relación entre sistemas que permite distinguir sistemas jerárquicos de organización.

Rolando García señala que un sistema representa un recorte de la realidad que se hace a partir de diversos criterios. Los sistemas no tienen límites precisos ya que están inmersos en una variedad de contextos, que se van insertando en dominios cada vez más amplios. Cuando estudiamos un complejo empírico determinado no es posible analizar la totalidad de los elementos que lo componen. El autor diferencia los datos de los observables, que implican una interpretación o conceptualización del dato y los procesos son relaciones entre observables que se establecen en base a inferencias.

Es inevitable fragmentar para estudiar o intervenir sobre estas totalidades. “El problema no reside en que se fragmente la realidad, sino en la manera de hacerlo.” (García, 2002, p 19). En una investigación, por ejemplo, la selección dependerá de sus objetivos y del tipo de preguntas que se formulen; esto está determinado, además, por la concepción del mundo y del hombre presente en el marco epistémico del investigador.

García señala dos principios que caracterizan la evolución de un sistema complejo:

  1. Organización por niveles, interdependientes y semi-autónomos, organizados jerárquicamente. Cada nivel tiene contornos o fronteras con condiciones variables que determina el tipo de intercambio o flujo entre niveles.
  2. Los cambios del sistema se producen por reorganizaciones sucesivas, producto del interjuego entre los mecanismos perturbadores y equilibradores, procedentes del exterior y que modifican las condiciones de contorno y por factores internos.

Esta evolución sistémica se da en procesos generativos, de construcción proactiva, que provoca reorganizaciones sistémicas que enriquecen las formas anteriores. Esto podría representarse con una forma helicoidal, de vaivén hacia delante y hacia atrás, donde cada retorno se realiza en otro plano. La perspectiva generativa privilegia las oportunidades emergentes singulares de cada proceso, el sistema se abre a estructuras posibles.

2.2. La cuestión epistemológica: ¿cuál es la naturaleza de la relación entre el que conoce y lo que puede ser conocido?

Dice Rolando García: “Recordemos que para un constructivista la pregunta ¿Qué es lo que conocemos? es solidaria de la otra pregunta crucial ¿cómo es que llegamos a conocer?” (García, 2000, p. 190).

“El conocimiento se construye mientras se van desarrollando los instrumentos para su construcción, en una interacción dialéctica” (García, 2000, p. 110); la organización de las experiencias y de las representaciones son procesos mutuamente determinados.

En la historia del pensamiento sistémico fue Heinz von Foerster quien introduce el término de “cibernética de segundo orden” o “cibernética de los sistemas observantes” para comenzar a incorporar al observador como constructor de la realidad observada. “El objeto de estudio pasa a constituirse en el observador observando su propia observación”. (Jutoran, 1994, 9)

En este punto, la cuestión de la relación entre el que conoce y lo conocido y el aspecto metodológico parecen fundirse.

“El constructivismo es una teoría del conocimiento activo” (von Glasersfeld, 1989, p.49), el conocimiento surge a partir de la construcción de “formas organizativas” de las propias acciones, que permiten ir incorporando nuevos elementos del entorno, los cuales irán adquiriendo nuevas significaciones. (García, R, 2002, p. 102).

El constructivismo ubica los problemas que tradicionalmente se consideraban en dominios separados: la epistemología y la ontología en un mismo proceso constructivo, situado en esa relación dialéctica, creativa, indisociable, entre Sujeto y Objeto del conocimiento.

Desde la propuesta epistemológica constructivista este proceso tiene diferentes niveles de análisis interrelacionados e interdependientes:

  1. La organización del material que proviene de las investigaciones empíricas: datos, observables y procesos. Para la Psicología Social Comunitaria (PSC) este material es la comunidad, sus redes y organizaciones, las construcciones de significado que en ella surgen, etc.
  2. La teoría que da cuenta del material estudiado en el nivel anterior: la PSC organizada como sistema cognoscitivo, como rama de la Psicología con objeto, teoría y método.
  3. El tercer nivel de análisis corresponde al de la teoría de la ciencia o epistemologíaentendiendo por tal “el estudio crítico de las ciencias, dirigido a determinar su valor, su fundamento lógico y su campo de acción” (García, 2000, p. 15)

En este punto podemos afirmar que el observador y los sistemas observados constituyen un sistema cognoscitivo complejo semi-descomponible; el psicólogo comunitario se define como tal a partir de su interacción con los procesos comunitarios en los que trabaja y a partir de los que realiza, con otros, sus distinciones conceptuales.

El constructivismo aparece aquí como una instancia superadora de la dicotomía teoría-práctica o ciencia-técnica, los procesos de construcción del conocimiento son inseparables de los mecanismos con los cuales se desarrollan.

Para este paradigma el conocimiento científico se desarrolla dentro de un proceso general de producción de conocimiento y significado, que a partir de lo que Rolando García caracteriza como “principio de continuidad funcional del sistema cognoscitivo” integra la ciencia con el resto de las producciones culturales. Aquí queda planteada la superación de otra dicotomía: conocimiento vulgar- conocimiento científico, permitiendo analizar la continuidad y complementariedad entre saberes.

Los paradigmas científicos están contenidos en paradigmas sociales que responden a cosmovisiones particulares, a diferentes modelos de hombre y de sociedad.

La producción de conocimiento es siempre un proceso social e históricamente determinado.

Es en la relación entre el Sujeto ( individual y social) y el Objeto donde se realiza el recorte que le permite al científico distinguir el sistema de análisis o intervención, el foco dentro de un horizonte. Esta distinción es la que para von Foerster abre un “puente entre el conocimiento y la ética” (Jurotán, 1994, p. 21). El conocimiento científico deja así de ser objetivo, a-histórico, a-ético, individual, “resultado de la aplicación impersonal de reglas metodológicas descontextualizadas” para poder considerarlo como “responsabilidad de personas en intercambio activo y comunal” (Gergen, 1993, p.18). “Las descripciones del mundo son en sí mismas una forma de acción social que tiene consecuencias verificables sobre el mundo” (Molinari, 2002, p.7)

Lo que debe marcar la naturaleza de la relación entre el que conoce y lo que puede ser conocido es la ética, que para Maturana surge de la necesidad de reflexionar sobre las “consecuencias de las acciones de algunos seres humanos sobre otros seres humanos”. (Maturana,1997, p.100).

En este punto el paradigma constructivista se encuentra con el dialéctico al afirmar que los juicios de valor no son exteriores a los sistemas complejos, sino que forman parte de su complejidad. “El valor forma parte del ser concebido como ser complejo” (Samaja, J. 2002). Esta posibilidad de adjudicar valores se relaciona con la organización jerárquica y funcional entre subsistemas, las posibilidades de equilibración entre el todo y las partes y su representación narrativa.

2.3. La cuestión metodológica: ¿cómo puede el investigador encontrar aquello que cree debe ser conocido?

Entendemos por método al camino que permite acceder al conocimiento científico, se construye conjuntamente con la teoría. Se denomina metodología al terreno específicamente instrumental (técnicas, procedimientos, herramientas). (Sabino, 1986, p.28).

Rolando García citando a Goldmann afirma: “ El problema del método en ciencias humanas consiste en hacer recortes de los datos empíricos en totalidades relativas, suficientemente autónomas como para servir de marco de un trabajo científico” (Garcia, 2000, p.39).

Guba y Lincoln afirman que la hermenéutica y la dialéctica son los componentes básicos de una metodología constructivista.

La hermenéutica posibilita el análisis y comprensión de los procesos intersubjetivos de producción de significados. Estas metodologías permiten generar los dispositivos adecuados que den “cuenta de los diversos momentos estructurales de la intersubjetividad, ” con variables en diferentes niveles jerárquicos dentro de sistemas complejos. (Bischoffshausen, 2002, p.113)

La dialéctica se incorpora desde una fuerte influencia de la filosofía marxista, permite trabajar con las nociones de cambio y conflicto.

Para este paradigma las diferentes herramientas metodológicas permiten organizar los datos empíricos sobre los cuales realizamos el recorte en totalidades que constituyen el sistema cognoscitivo. Los datos empíricos son siempre “interpretaciones de los datos sensoriales” (García, 2002, p. 44) e involucran ya un primer nivel de construcción hermenéutica.

El proceso metodológico requiere de diferentes momentos o niveles interpretativos, que tienen entre sí bucles y retroalimentaciones y que generan una verdadera interacción dialéctica entre teoría y experiencia.

Los procedimientos metodológicos a utilizar ponen en juego mecanismos de abstracción, generalización, diferenciación e integración, construcción de observables, coordinaciones, tematizaciones, etcétera.

Los sistemas complejos requieren de metodologías interdisciplinarias para su estudio. Todo estudio interdisciplinario parte de la construcción de un marco epistémico común, sin él es muy difícil la acción coordinada. No hay interdisciplina si no se logra construir un equipo de trabajo, que permita convergencia, complementación y articulación de diferentes dominios disciplinares.

El trabajo interdisciplinario más que un logro es un esfuerzo de cooperación constante.

En PSC la metodología buscará la posibilidad de generar “contextos dialógicos” (Fuks, 2000, p.1) que posibiliten la exploración – deconstrucción -recreación de las construcciones sociales en juego.

La metodología es un proceso comunicacional, que se despliega en el encuentro entre narrativas diversas.

Se privilegian las metodologías participativas y las basadas en la investigación-acción que como su nombre lo sugiere “condensan los métodos de investigación que reconocen expresamente un doble objetivo en el proceso de producción de conocimiento: el de investigar y el de actuar/modificar algo de lo investigado” (Fuks, 2000, p.2). Éste es -con frecuencia- el tipo de investigación que se desarrolla en los programas comunitarios en los que se intentan incrementar los recursos de un sector de la población para la transformación de sus condiciones de existencia y de esta intencionalidad es que ha surgido el énfasis en la dimensión participativa.

El encuentro dialógico entre las distintas perspectivas que emergen en el horizonte comunitario posibilita “la producción colectiva de conocimientos, recrea al productor como co-productor” (Bialakowsky, 2003. p. 2), tanto en la convergencia como en la divergencia.

“La práctica del método coproductivo de investigación supone una metodología particular que le es propia y requiere una revisión de las normas metodológicas tradicionales. En primer lugar la coproducción en sí representa un espacio discursivo, por lo tanto exige a los participantes poner en juego sus representaciones y apropiaciones mutuas, estas cesiones implican una construcción constructiva y discursiva, se instaura entonces una ética discursiva que requiere un reconocimiento de los fundamentos de la práctica y la posibilidad de los intercambios. En segundo lugar, las técnicas se subordinan al marco epistémico y no a la inversa, ya que lo usual en los enfoques disciplinarios, es que quedan determinados por la utilización de los instrumentos técnicos. En tercer lugar, el descubrimiento de los niveles de intervención (macro- meso- micro), supone la posibilidad de reflexionar sobre las instituciones como parte de un proceso social de trabajo” (Bialakowsky, 2003. p. 3)

Esta co-producción dialógica requiere de una ética capaz de revisar los “limites que el lenguaje establece para nuestro mundo” (Rivera, 2001, p. 93), el monto de violencia que ejercemos al transformar un dato en observable o al describir las relaciones como procesos específicos. La ética es en este punto un ejercicio reflexivo constante, crítico, legitimador de la metodología.

2. El objeto de la Psicología Social Comunitaria desde el horizonte de América Latina.

Rodolfo Kusch, desde una mirada antropológica, diferencia el modo de conocer latinoamericano del de la ciencia positiva occidental que considera la realidad por fuera de la subjetividad y la acción como un proceso posterior al conocimiento (Kusch, 2000. p 277.) En la cultura popular latinoamericana se conoce con el corazón, aparece una estrecha relación entre el saber y los ritos populares, el saber es compromiso del sujeto de hacer crecer algo. La ciencia es parte de una cultura, una historia, y forma parte del modo de estar en el mundo del hombre.

“Mientras escribo estas líneas veo por mi ventana un árbol. Este pertenece a la dura realidad. ¿Si yo me muero, el árbol quedará ahí? No cabe ninguna duda. ¿Pero no podría pasarle al árbol lo que a nosotros cuando muere un familiar querido? ¿En este caso qué lamentamos más: la ausencia definitiva del familiar o más bien la hermosa opinión que él tenía de nosotros. ¿Le pasará lo mismo al árbol? Yo siempre lo he visto hermoso, y mi vecino quien es muy práctico, ya no lo verá así. Cuando yo muera morirá mi opinión sobre el árbol…” ( Kusch, 2000. T1 p. 246.)

Paulo Freire, a partir de su Pedagogía del Oprimido, resalta el carácter dialógico del conocimiento; “existir humanamente es pronunciar el mundo, es transformarlo; el mundo pronunciado, a su vez, retorna problematizado a los sujetos pronunciantes, exigiendo de ellos un nuevo pronunciamiento. …la palabra verdadera es trabajo, es praxis…nadie puede decir la palabra verdadera solo…el diálogo es este encuentro de los hombres mediatizados por el mundo…”(Freire, 1970, p.104). Freire describe a lo largo de sus obras la “permanente tensión entre la conciencia y el mundo”(Freire, 1993. p.96).

¿No es esta una mirada constructivista? ¿Qué fractura se produjo en la construcción histórica de los sistemas de conocimiento en la psicología que nos llevó a alejarnos de nuestros orígenes e incorporar una mirada ajena? La historia de la ciencia sólo puede entenderse desde la historia de los pueblos. . “Hacer historia significa poner en juego la verdad del presente” (Kusch, 2000, T1 p.71)

Las construcciones científicas, en tanto sistemas complejos, están sujetas a tensiones que marcan los momentos de cambio y equilibración paradigmática. Las tradiciones conceptuales generan una inercia que las lleva a su reproducción, impactan en la delimitación de las definiciones, en la demarcación de las áreas problemáticas y están relacionadas con el momento histórico en que se generan y expanden. No es sencillo describir las condiciones que dan origen a los cambios paradigmáticos.

En Argentina, en momentos de democracia restringida, los desarrollos conceptuales de la Psicología trabajan con el concepto de “déficit” (enfermedad, criminalidad, discapacidad) y en los períodos democráticos estos desarrollos apuestan a los “aspectos prospectivos posibilitadores de un sujeto participante” (Rossi, 1999, p. 4).

Son de resaltar los aportes de Bleger, Pichon Rivière, Ulloa que en la década del 60, hablaban ya de intervenciones comunitarias en estructuras complejas (Chinkes, Lapalma, 1991, p.32). Los golpes de estado del 66 y del 76 desmantelaron los avances que se habían logrado en el campo de la Psicología Social.

Sergio Visacovsky, en su libro El Lanús analiza con agudeza los efectos que la última dictadura tuvo en la construcción histórica del psicoanálisis en la Argentina a partir de una investigación sobre los distintos momentos del Hospital Aráoz Alfaro u Hospital Interzonal de Agudos Evita, mostrando como se tuvieron que abandonar modalidades de trabajo colectivas, de fuerte compromiso social. Allí el “movimiento comunitario contribuyó al cuestionamiento del modelo manicomial y el poder centrado en la figura del médico..”.se logró transferir “importantes cuotas de decisión en manos de los pacientes, sus familias y del personal no médico”,.. por otro lado “la concepción interdisciplinaria de la atención, permitía la participación de sociólogos, antropólogos, psicólogos y asistentes sociales…”(Visacovsky, 2002, p.207). Muestra además las consecuencias arrasadoras del terror, la represión y la exclusión en las dinámicas institucionales de producción de conocimiento y salud.

¿Estamos en un momento de cambio paradigmático en la Psicología Latinoamericana? ¿Puede ser la Psicología Social Comunitaria una de las formas de expresión de esta evolución paradigmática?

Varios autores definen a esta nueva rama de la Psicología como en estado “pre-paradigmático” y describen algunas características del paradigma emergente, que afirman se ha venido construyendo desde las últimas décadas del siglo XX en América Latina. (Ver Ferullo, 2000; Montero, 1994, Wiesenfeld, 1994; Chinkens- Lapalma, 1991; Serrano García y Vargas Molina, s/fecha; Saforcada, 1992).

Realizaré a continuación una comparación entre este paradigma emergente y las características del paradigma constructivista descripto en la primera parte del presente trabajo.

Paradigma emergente en la PSC Latinoamericana. Paradigma constructivista La cuestión ontológica “El objeto de la psicología es esencialmente histórico… debe ser ubicado en el devenir y está constituido por hechos cultural y espacialmente anclados” (Montero, 1994, p.27/35). Los sistemas explicables en términos de circularidad son sistemas donde la historia cuenta. La historia está encarnada en la estructura del sistema. La comunidad es analizada como un sistema complejo, compuesta por múltiples subsistemas (cultural, económico, social, etc). Forma parte de la sociedad como sistema global (Martín-Baró,1989) Un sistema es la representación del recorte que el científico hace de la realidad para su estudio. Es una construcción conceptual producida por el investigador, con la cual representa las actividades más significativas que pudieron ser visualizadas en el campo de trabajo. “El conflicto es parte de la acción humana, por lo tanto su estudio debe estar incluido en el objeto de la psicología comunitaria” (Montero, 1994, p. 38) Conflicto y cambio son parte de los sistemas complejos. La cuestión epistemológica. La realidad social es una construcción cotidiana, de carácter simbólico, que debe ser orientadora de los estudios psicológicos. El trabajo científico no puede silenciar los conflictos de poder que se ponen juego en su desarrollo. Los valores forman parte de la complejidad de los sistemas humanos. Esto nos remite a la relación dialéctica entre sujeto y contexto, a la interdependencia de niveles, a la visión ética de la ciencia. El psicólogo no es el único portador del conocimiento. Valoración del saber popular. Continuidad funcional del sistema cognoscitivo. Énfasis en los procesos más que en los estados. Sistemas con procesos generativos en evolución permanente La ideología como objeto central de estudio Todo marco epistémico tiene valores implícitos o explícitos que responden a diferentes cosmovisiones. La cuestión metodológica. Autogestión y participación en las metodologías. “Relación dialógica entre sujeto investigante y sujeto investigado” (Montero, 1994, p. 36) Uso de metodologías dialógicas. Se debe buscar que “los seres humanos, en uso de sus capacidades y potencialidades, adquieran conciencia y control sobre sus vidas y circunstancias vitales” (Montero, 1994, p. 39) Relación dialéctica entre conocimiento y acción. Superación de la dicotomía entre teoría y práctica. Valoración de metodologías interdisciplinarias. Los sistemas complejos tienen componentes que pertenecen al dominio de diferentes disciplinas.

Podemos decir que la PSC Latinoamericana está fundada en lo que Alipio Sánchez Vidal describe como Modelo del Cambio Social; su objetivo es la modificación de “los sistemas normativos, relacionales y teleológicos (fijación de metas) que lo gobiernan y que afectan a la vida y relaciones (horizontales y verticales) de sus miembros. (Sánchez Vidal, 1996, p. 167). Martín-Baró define la liberación como horizonte de la Psicología, el deseo de cambio está motivado en él, por la conciencia del padecimiento de las mayoría populares latinoamericanas y la causalidad sistémica de esta situación. Subraya el carácter político de la ciencia. “La PSC en América Latina supone siempre un fondo político, no en el sentido estrecho del partidismo, sino en el sentido de la ciudadanía” (Montero, 1994, p. 31)

Para Maritza Montero el objeto de la PSC es el “estudio de los factores psicosociales que permiten desarrollar, fomentar, mantener el control y poder que los individuos pueden ejercer sobre su ambiente individual y social, para solucionar problemas que los aquejan y lograr cambios en esos ambientes y en la estructura social” (Ferullo, 2000, p. 47)

3.- Dimensión ético-política.

Pensar la subjetividad en su contexto social es una tarea “al mismo tiempo cognitiva, ética y política” (Najmanovich.2005. Pág.97) dimensiones éstas últimas que se agregan a la construcción paradigmática, tal como la plantea Maritza Montero:

1. Dimensión ética: que requiere de la explicitación de los valores desde los que se trabaja. La perspectiva ética se basa en el respeto de la dignidad y derechos de todos los hombres, considera al Otro como actor social, promueve autonomía y protagonismo en grupos y movimientos comunitarios, valora los recursos propios de cada comunidad.

2. Dimensión política: La política se refiere al ámbito de lo público, a la circulación del poder, al ejercicio de la ciudadanía.

Isaac Prilleltensky, desarrolla el concepto de validez psico-política de las intervenciones comunitarias. Esta noción lleva a indagar sobre el poder, que es ubicuo y se pone en juego en toda relación social. Establece la validez de transformación, es decir la capacidad potencial de la intervención para “promover bienestar personal, relacional y colectivo, reduciendo las desigualdades del poder”, incrementando la participación y el compromiso. (Prilleltensky. 2003. Pág. 30).

Esta perspectiva, que interroga acerca de la dimensión ético-política de nuestras prácticas psicológicas, subraya algunas características a este paradigma emergente:

1.- Carácter histórico de la psicología: El objeto de estudio y las estrategias de intervención psicológicas deben ser reconocidos en su matriz socio-histórica.

Resaltamos aquí el concepto de memoria histórica, que no solo permite recuperar el pasado, sino analiza la forma en que ese pasado resignifica y construye el presente. La memoria, como práctica social, dice Gaborit, “es una actividad continua de producción, reproducción y alteración de la realidad”, (Gaborit. 2005. Pág. 126). Estudiar la memoria implica simultáneamente estudiar el olvido, que es el silencio de la memoria.

“La memoria y el olvido se ejercitan tanto desde los poderes establecidos como desde las múltiples resistencias que los confrontan y evaden. Las luchas por el poder son también luchas por la memoria” (Calveiro. 2005. Pág 115.)

La teoría y las prácticas profesionales también se elaboran desde construcciones históricas, que incorporan memorias y olvidos, en función de los intereses que tienen más poder.

2.- Incorporación del conflicto: El conflicto forma parte constitutiva de la vida del hombre. Conflicto proviene del latín CONFLUERE (fluir con otro) Es percibido como tensión, cuando individuos o colectivos sociales son sometidos a fuerzas que se oponen o excluyen mutuamente. Tiene componentes subjetivos y vinculares.

Los conflictos se construyen en el interjuego de diferentes estructuras (sistemas valorativos, representaciones sociales, sistemas de poder, etc.) y se expresan a través del lenguaje, en la interacción, en un contexto determinado.

Los conflictos son un llamado a realizar cambios, son expresión de situaciones de crisis que provocan la necesidad de redefinir relaciones. Estas son inevitables y suelen expresarse en tensión, aumento de la incertidumbre sobre el futuro, sufrimiento, confrontación, competencia, quejas, disputas, violencia.

Los conflictos humanos se desarrollan en la comunicación. Los conflictos son relatados por cada una de las partes, a partir de su propia experiencia, utilizando los canales y significados disponibles. “Los individuos en sus procesos de construcción del mundo, están limitados por las creencias, los mapas y las premisas que tienen acerca del mundo”(Fruggeri. 1996. Pág. 35)

La valoración que se hace del conflicto no depende sólo de sus componentes concretos sino también del significado que las personas le asignan a través de la construcción social del mismo. No nos encontramos entonces frente a realidades tangibles sino frente a relatos que nos hacemos a nosotros mismos y le hacemos a los demás.

Vemos entonces que el problema no radica en la existencia del conflicto sino en la forma de percibirlo, transitarlo e intentar resolverlo. Está presente en una misma situación la perspectiva de amenaza y la posibilidad de crecimiento.

Rescato nuevamente el concepto de resistencia, a veces silenciosa y dolorida, frente a conflictos que no pueden resolverse por diferencias de poder muy significativas. A veces, todo lo que podemos hacer desde nuestras intervenciones es acompañar este tipo de resistencia, desde un discurso oculto primero y paulatinamente más visibilizado.

La psicología comunitaria incorpora el conflicto, la afronta y lo transita con estrategias diferentes.

3.- Necesidad de incluir la perspectiva de los oprimidos:

Maritza Montero afirma que no podemos hacer solamente psicología desde la perspectiva del hombre promedio, generalmente de nivel socio-económico medio o alto, no podemos adoptar en el estudio de los fenómenos psicosociales únicamente el punto de vista de quienes tienen poder y trabajar solo en función de sus intereses. (Montero. 1994. Pág.37).

En este punto no existe la neutralidad, ni en el modo de producir conocimientos ni en los resultados que produce. ” (Montero. 1994. Pág.38).

Si no nos interrogamos acerca de la dimensión ético-política de nuestras prácticas, solo actuaremos en función de los intereses de los que tienen más poder, invisibilizados bajo una supuesta neutralidad.

Se reconfigura así el rol del psicólogo comunitario como agente y facilitador del cambio social, lo cual supone una toma de conciencia de nuestra inserción social y de los intereses históricos a los que servimos.

Ignacio Martín-Baró se cuestionaba sobre la relevancia social de la psicología y la necesidad de ubicarse desde la perspectiva de las víctimas para lograr un proceso de reparación social.

¿Qué tipo de poder ponemos en juego en una intervención? ¿Cómo lo hacemos circular? ¿Cómo nos enfrentamos, si es necesario, a un poder que restringe, que totaliza, que impide el crecimiento de la multipliciad? ¿Cómo circula el poder que se desprende del saber? ¿Cómo integrar el modo de conocer de los profesionales con el modo de conocer de los sectores populares?

Esta mirada hacia el poder es, sin duda, una mirada política sin entendemos por tal esa capacidad de cuestionar la trama social existente, el lazo social instituido. “La política es un pensar-hacer con capacidad de subvertirse a sí misma y de esa manera interrumpe la vigencia de los lazos existentes, porque no es su expresión sino su excepción.” (Cerdeiras. 2002. Pág. 42)

La mirada ética es promotora permanente de indignación y ella nos lleva a incidir en la construcción de nuevas relaciones humanas y participar de un proyecto donde el fin sea el hombre . (Rozas Pagaza. 1998. Pág 13.)

La ética es aquello que nos devuelve nuestra dignidad de seres humanos… “No es casual, que la palabra dignidad tiene encerrada en sí la palabra fuego (igneo). La dignidad del ser humano es el fuego interior que nos hace ser humanos. La ética es el cuidado de este fuego ” y nos in-dignamos (nos encendemos) cuando esa dignidad está herida.” (García. 2000.Pág. 5)

Conclusiones:

El análisis y reflexión sobre el material bibliográfico me permitió encontrar enriquecedores convergencias entre las tradiciones científicas analizadas: la psicología genética, la psicología sistémico-relacional y la psicología comunitaria latinoamericana.

Sus desarrollos teóricos tienen supuestos paradigmáticos comunes referidos a cuestiones ontológicas, epistemológicas y metodológicos.

Los distintos autores latinoamericanos citados tienen diferentes matices en el recorte que realizan del objeto de estudio de la Psicología Social Comunitaria; lo que los une es la noción de complejidad sistémica, la dimensión ética e histórica de la tarea científica, el análisis de la construcción colectiva de significados, el énfasis en el análisis de procesos, el uso de metodologías que superan la dicotomía entre teoría y práctica, el compromiso por la construcción de una comunidad más justa.

Referencias bibliográficas.

 

Publicado en Psicología y Psiquiatría

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