Cuidado llega el DSM

¡Cuidado, ya llega el nuevo DSM!

Por Pierre-Gilles Gueguen

La edición del DSM-5 acaba de ser aprobada por el Consejo de Administración de la APA (Asociación Psiquiátrica Americana). El volumen estará a la venta en  mayo del 2013. Es el final de un episodio de 5 años que ha dado lugar a múltiples  tensiones y graves desacuerdos en el seno mismo de los equipos de redacción.

El principal crítico del libro en los medios de comunicación es Allen Frances,  antiguo jefe del departamento de psiquiatría de Duke Univesity y presidente del  grup de trabajo para la redacción del DSM-IV. El declara en su blog del  Huffington Post que la publicación del DSM-5 es el momento más triste de su carrera, predice que el nuevo instrumento va a producir daños y que hay que  ignorar los nuevos once ítems que son los más nocivos. Él da la lista, que fue  retomada por Benedict Carey, el periodista del New York times en su artículo del 10 de diciembre.

Entre las numerosos críticas dirigidas al comité de médicos redactores del DSM-5,  una de las más destacadas es sobre la extrema extensión de la psiquiatrización  de los eventos de la vida cotidiana, trátese del duelo, de síntomas somáticos  menores (dolores o síntomas gastro-intestinales por ejemplo). Esta medicalización  será seguida, por supuesto, de un exceso de recetas para medicamentos,  injustificado la mayor parte del tiempo.

Según Allen Frances están implicados todas las edades y en particular los niños: “Durante los dos primeros decenios, dice, la paidopsiquiatría ha provocado ya tres atolladeros: una triplicación de diagnósticos de problemas deficitarios de atención, una multiplicación por 20 del trastorno autístico, y por 40 de la depresión bipolar infantil”. Para las personas de la tercera edad el diagnóstico posible de trastorno neuro-cognitivo menor conlleva una ola de ansiedad –y de tratamientos- en personas que no son en absoluto candidatas a la demencia senil.

El ítem trastornos deficitario de la atención en adultos conducirá también a un mal uso de drogas estimulantes de todo tipo, lícitas e ilícitas. Así también bajo el ítem trastornos adictivos del comportamiento, se puede colocar cualquier cosa…

Pero es el debate sobre el autismo el que ha sido más violento. En el periodo de revisión del DSM-IV, el comité médico escuchó los comentarios públicos admitiendo y animando así la presión de lobbies de toda clase sobre la definición de los ítems. Hasta entonces el DSM estaba supuesto ser un manual de psiquiatría definido por y para los psiquiatras, aun si las presiones externas no estaban ausentes (para la eliminación de la homosexualidad o de la histeria de las categorías nosográficas por ejemplo).

A propósito del autismo, B. Carey describe las peripecias del debate: “Al comienzo el Comité tenía la intención de delimitar la definición del autismo y de simplificarla, eliminando las categorías vecinas como el síndrome de Asperger y los trastornos invasivos no específicos del desarrollo, cuyo número aumentó exponencialmente durante los últimos diez años debido en parte a la imprecisión de las definiciones”.

Ciertos miembros del Comité renunciaron entonces debido a que eso excluiría al 45% de casos diagnosticados. Las asociaciones de defensa de autistas intervinieron entonces con fuerza, y el comité publicó su propio estudio que reducía el número a 10 %. Finalmente hubo que negociar, el Comité guardó el nuevo ítem más restrictivo pero concedió que aquellos que anteriormente habían sido reconocidos como autistas, como Asperger o con trastorno invasivo del desarrollo, podían aun utilizar dichos diagnósticos. Lo que parece un sin-sentido desde el punto de vista estrictamente médico (saber si sí o no uno sufre una enfermedad) no lo es desde el punto de vista económico (pago de primas a los seguros y reembolso de tratamientos). En los USA y ahora en Francia son en gran parte las asociaciones de usuarios más virulentos quienes dictan a los psiquiatras lo que debe considerarse como una enfermedad.

Se entiende la vehemencia de Allen Frances frente al instrumento descarriado que es el DSM-5 pero sus fallas estaban en germen desde su nacimiento. La multiplicación de categorías únicamente fundadas en el tratamiento de datos estadísticos y de meta-análisis, la pretensión de objetividad de diagnósticos que descartan la subjetividad del médico, la confusión entre el acto del psiquiatra y la distribución automática de medicamentos, anuncian la ruina de la psiquiatría tal cual fue concebida en el siglo 19. Hay que incluirlo en el gran desorden existente en el umbral del siglo 21. A menos que, como lo sostenía recientemente Eric Laurent, la psiquiatría haya estado condenada desde que apareció el psicoanálisis, ya que el psicoanálisis sabe que las clases sobre las cuales se funda la nosografía psiquiátrica no corresponden nunca al sujeto, cuando uno lo toma en su singularidad. Para que eso sea evidente nos hizo falta que un Jacques Lacan nos volviera sensibles.

Publicado en GUIA DOMINICANA (GEDI-I)

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