Arancibia: La idea de auto-Eco-Organizacion

La idea de auto-eco-organización  

     Miriam Dolly Arancibia* 

 San Juan. Argentina.

http://www.philosophica.info/voces/pensamiento_complejo/Pensamiento_Complejo.html#toc1

Con el paradigma de la complejidad de Edgar Morin entra en crisis la idea clásica de orden y se derrumba la idea de objeto sustancial. Es un proceso que lleva a la re-fundación del concepto de sujeto. Comienza por una recuperación de la dimensión biológica, poniendo énfasis en la noción de vida como eco-organización y auto-organización, al mismo tiempo que busca una superación tanto del genetismo como del ambientalismo. Continúa con la dimensión cognoscitiva, haciendo hincapié en la complejidad multidimensional del sujeto humano dada la hipercomplejidad de su cerebro. Llega finalmente a la dimensión ética pues allí la complejidad se hace visible en el quehacer práctico, en el ámbito de la política la cual es a la vez unidimensional y compleja.

Morin retoma una vieja distinción de la sociología alemana entre comunidad y sociedad según la cual nuestras sociedades existen en los dos niveles: son sociedad en cuanto constituyen un tejido de intereses económicos y de procesos técnicos que oponen y asocian a sus miembros, pero también son comunidad pues poseen un elemento mitológico que los mantiene unidos [Morin 1984a].

Como primera aproximación Morin define la sociedad como un conjunto de interacciones económicas, psíquicas, culturales, formando un sistema que implica aparatos de comando/control por parte del jefe de Estado retro-actuando sobre las interacciones de las cuales depende su existencia. De este modo, la existencia del Estado depende de ciudadanos cuya existencia depende a su vez de él. Todo ello constituye un sistema. Morin aporta un punto de vista original desde su paradigma de la complejidad, pues entender dicho sistema de un modo “tradicional”, como conjunto funcional en el seno del cual las partes se complementan armoniosamente para las finalidades del todo, sería una versión empobrecida.

Una versión rica implica no sólo complementariedades, sino también antagonismos. De allí que distingue tres etapas en la aprehensión de la idea de sociedad:

— Una etapa pre-sociológica, donde se habla sobre cosas de la sociedad sin que emerja todavía el término;

— Una etapa sociológica donde hay una hipóstasis del término, convertido en abstracto, aislado de sus dimensiones históricas, antropológicas y mitológicas;

— Una etapa antropo-sociológica que no niega la idea de sociedad, sino que la enriquece.

Este autor se muestra partidario de un concepto enriquecido o complejo de sociedad que contiene heterogeneidad, mil facetas, mil oposiciones, de allí que no se la puede reducir a uno de sus rasgos dominantes. No puede ser sólo capitalista o liberal, o industrial o consumista. Éstas serían definiciones unidimensionales. Para Morin la sociedad es todo eso a la vez, ya que busca definirla de un modo polinuclear o policéntrico.

Por otro lado, la noción de sociedad como toda noción objetiva debe ser pensada en relación con el sujeto que la concibe. La noción de sociedad así emerge en y por una cultura dada, pero también de nosotros mismos que pensamos la sociedad y estamosen ella [Morin 1984a: 69].

Surge entonces la pregunta ¿cómo pensar objetivamente un fenómeno que envuelve y teje nuestra subjetividad, una realidad que es por ella misma socio-céntrica? La respuesta de Morin pone de relieve el hecho de situarnos en la sociedad, a diferencia de aquellos sociólogos que sitúan todo acto u actor social únicamente en su clase, en su cultura, en su locus, en su habitus. Cuando hay interacción entre individuos aparece la sociedad como un todo que se impone a los mismos, pero ello no significa que éstos se disuelvan y que el todo exista afuera de manera trascendente. La sociedad no sería nada sin la interacción.

Para Morin, el orden social implica desórdenes de los cuales algunos permiten la libertad otros la depredación. Lo fascinante sin embargo para este autor es que en la sociedad se encuentra la reproducción, pero también la producción de lo nuevo, creación, evolución. A veces la atención se pierde en la invariancia de la reproducción, y no se fija en las variaciones y cambios. El error lo encuentra Morin en lo que llama el “demonio” de la coherencia o de la racionalización. Considera a quienes se obsesionan por el orden social en los peores enemigos de la vida social.

Así, distingue entre una coherencia “negra” para referirse a aquella teoría que quiere que la sociedad se auto-reproduzca sin poder evolucionar, de la coherencia “rosa” para referirse a aquella utopía de la buena sociedad, resultado de la armonía y la funcionalidad. Morin ejemplifica este segundo tipo de coherencia con el “infierno socialista”, lo llama así en cuanto que se pretende a sí mismo paraíso, es decir, se constriñe la sociedad a la unanimidad. Por el contrario, desde su paradigma, mientras más compleja es una sociedad, mientras más antagonismos, desórdenes y conflictos incluya, entonces mayor debe ser su lazo comunitario de fraternidad, espontaneidad y voluntad para compensar esa fragilidad.

Obsérvese cómo esta postura remite a la aplicación social de la teoría de la falsabilidad de Karl Popper, según el cual lo que hace posible una sociedad abierta auténticamente democrática no es precisamente el consenso sino el disenso así como una teoría es válida en tanto falsable.

No hay ninguna garantía contra la fragilidad de la complejidad: sólo la que proporciona la auto-regeneración permanente de la complejidad misma. Por ello afirma Morin que «si queremos ser libres, debemos correr los riesgos de la libertad. Las sociedades opresoras son aquellas que no quieren correr ningún riesgo» [Morin 1984a: 71].

Ya en una obra anterior, El Paradigma perdido (1973), Morin señalaba que, al intentar constituir el campo de estudio antropológico, son insoslayables las interacciones, interferencias y actividad fenoménica (praxis) entre cuatro polos sistémicos y complementarios, a la vez que competitivos y antagónicos: (1) el sistema genético (código genético, genotipo), (2) el cerebro (epicentro fenotípico), (3) el sistema sociocultural (concebido como sistema fenoménico-generativo) y (4) el ecosistema (en su carácter local de nicho ecológico y en su carácter global de medio ambiente). Esquemáticamente:

 

Para Morin, cada uno de dichos sistemas es coorganizador, coautor y co-controlador del conjunto. El ecosistema controla el código genético (un aspecto de la integración natural compleja), co-organiza y controla el cerebro y la sociedad. El sistema genético produce y controla el cerebro, quien a su vez condiciona la sociedad y el desarrollo de la complejidad cultural. El sistema sociocultural actualiza las aptitudes del cerebro, modifica el ecosistema y desempeña su rol en la selección y la evolución genética.

Este esquema multipolar permite comprender que toda unidad de comportamiento humano es al mismo tiempo genética-cerebral-socio-cultural-ecosistémica, lo cual significa que el fundamento de la ciencia del hombre es policéntrico, el hombre no tiene una esencia particular estrictamente genética o cultural, no es una superposición cuasi-geológica del estrato cultural sobre el estrato biológico. Su naturaleza hay que buscarla en la interrelación, la interacción y la interferencia que comporta dicho policentrismo [Morin 1973: 231].

Se infiere como hecho destacable que la unidad del hombre se ha visto preservada gracias precisamente a la diferenciación sociocultural. Al acrecentar las diferencias individuales, al hacer que las diferentes culturas se conviertan en extrañas unas para con otras, ha mantenido la unidad de la especie a través del mismo proceso que, al favorecer la extrema diversificación individual y la sociocultural, ha frenado la escisión genética de la especie.

Puesto que Morin sostiene reiteradamente la importancia de considerar la sociedad como un sistema auto-eco-organizador, muestra la oposición de paradigmas. En su obra La inteligencia de la complejidad (1999), Morin define los paradigmas como los principios de los principios, nociones directrices que controlan los espíritus, que dirigen las teorías sin que seamos conscientes. Afirma también que nos encontramos en una época de cambio de paradigma: se cuenta con un viejo paradigma, un viejo principio que obliga a desunir, a simplificar, a reducir, a formalizar sin poder comunicar lo que está desunido y sin poder concebir los conjuntos ni la complejidad de lo real.

Llama paradigma cerrado a todo intento de concebir la sociedad como animada por una especie de dinamismo de tipo bergsoniano, que la hace productora y creadora, es decir, se la dota de un “alma”, o de personalidad, o bien de conciencia colectiva, conciencia de clase, o bien como idea encarnada, unlogos constructor. Son todos esfuerzos por concebir la sociedad físicamente, dinámicamente, energéticamente, biológicamente, (Comte, Marx, Spencer), o también psíquicamente (Freud), lógicamente (Lévi-Strauss) pero todos estos intentos representan un paradigma cerrado [Morin 1984a: 73].

Para Morin la sociedad es un sistema global uno y complejo a la vez, dispone de calidades originales, no puede reducirse a la suma de los individuos que la constituyen. La idea de que la organización social implica coerciones, inhibiciones, represiones sobre los individuos y los grupos está implícita en toda idea de determinismo o de leyes sociológicas. Es una idea fundamental para la consideración de la organización y el sistema. Toda interrelación entre elementos, objetos, seres, suponen la existencia y el juego de atracciones, de afinidades, de posibilidades de unión. Si por el contrario no hubiera ninguna fuerza de exclusión, de repulsión, de disociación, todo se asemejaría en la confusión y ningún sistema sería concebible. Para que haya sistema es necesario que haya diferencia.

La aplicación del paradigma de la complejidad es posible según Morin incluso en la experiencia cotidiana, en la vida concreta con sus carencias necesidades y aspiraciones (que no son sólo monetarias) buscando regenerar la vida social, política e individual. La idea de auto-eco-organización supone la idea de reorganización permanente puesto que la organización debe regenerarse sin cesar para compensar el crecimiento de entropía que suscita su trabajo. Tal actividad supone regulación para mantener la constancia o la homeostasis del sistema a través de la renovación constante de sus constitutivos: así como las moléculas y las células de un organismo se degradan incesantemente y son reconstituidas, los individuos de las sociedades mueren y son renovados. No hay por lo tanto estado de equilibrio como en los sistemas cerrados, sino desequilibrios permanentes y sin cesar compensados por regulaciones. Por eso, una organización supone una constante reorganización [Morin 2003a].

De este modo, la idea abierta de auto-eco-organización obliga a romper con todo concepto que conciba la vida o la sociedad como un objeto cerrado. Introduce la existencia, lo cual para Morin significa a la vez dinamismo permanente, inestabilidad, fragilidad, desorden, riesgo y presencia de la muerte. El desorden inherente a todo trabajo es necesario para la organización misma del sistema abierto pues está ligado a la renovación de sus componentes. El sistema mismo avala desórdenes internos (enfermedades), padecer perturbaciones externas (agresiones) y llegar a limitar o anular los problemas. El sistema puede reorganizarse bajo el efecto de un desorden desorganizador, es decir, la organización del sistema auto-eco-re-organizador supone en profundidad y de manera multiforme la intervención del desorden el cual es un ingrediente necesario de todo sistema viviente y a fortiori social.

En consecuencia, para Morin no sólo se pueden integrar los desórdenes como una parte tolerable o inevitable de la organización social sino también considerar el desorden como partícipe inmanente en el ser de la sociedad [Morin 1993]. El ser humano necesita abordar la realidad multidimensional desde un pensamiento que no sea fragmentado, que le impediría afrontar las crisis, ya que una inteligencia parcelada es incapaz de visualizar la complejidad del conjunto. Dicha fragmentación puede superarse estimulando el pensamiento complejo.

* Profesora Titular Ordinaria de Filosofía Social. Investigadora en Epistemología de la Complejidad
Facultad de Ciencias Sociales 
Universidad Nacional de San Juan 
San Juan, Argentina 

 

Publicado en Psicología y Psiquiatría

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